Sumario

En Producción literaria, narrativa, hay un muy buen cuento de Laura Pérez Farquharson, a quien damos la bienvenida en estas páginas. Y el editorial del mes de abril, por Zulma Fraga.

Abril 2014

Editorial

Este editorial iba a empezar de otro modo, más jubiloso, que es como seguirá. Pero esa mañana, muy temprano, un noticiario dejó caer la noticia de que Gabriel García Márquez estaba, según su familia, “muy frágil”. Un temblor. Que se acentuó pocas horas después con la noticia de su muerte. Todo se ha dicho ya, y creo que mi opinión está muy bien reflejada en la nota de Carlos Gamerro que subí al facebook de Editorial Piso 12. Cuando apareció “Cien años de soledad” ya había leído “Los funerales de la mamá grande” y “La mala hora”. La leí con esa fruición hambrienta que permitían la calidad de la novela y mi juventud y la convicción militante de la literatura, que no me permitían respiro con los libros.

Nunca quise escribir como él, nunca esos libros interpelaron más que mi fantasía. Parafraseando a Carlos López, el profesor de secundaria de Rayuela, soy porteña, soy maestra, soy clase media, y esas cosas no se arreglan así nomás. Mi literatura fue muy influida por Cortázar, y me costó sacármelo, mi vida, historia, geografía, idiosincrasia, son de llanura, rioplatenses, melancólicas, un tanto introvertidas. A García Márquez le debo momentos de gozo, libros inolvidables, el respeto por su conducta, la suerte por su larga vida. Nos queda la palabra.

Muchas buenas cosas pasan en la ciudad de Buenos Aires, hablo de ellas porque aquí vivo y accedo, no porque sea –y me consta- el único lugar del país donde suceden, e invito a los amigos escritores del interior a enviar reseñas de los actos culturales de sus regiones. Mucha presentación de libros, lectura de poesía, cursos, talleres de escritura. Asistí a una lectura en la Sade donde leyeron poetas entrañables como Máximo Simpson, Enrique Bosseri, Jorge Paolantonio. Lo dejo para el final porque es uno de mis queridos trabajadores de la cultura. No hay para él evento pequeño, siempre está dispuesto a colaborar, a trabajar por la cultura. Y estará, por supuesto, en la inminente Feria del Libro de Buenos Aires.

La Feria del Libro. 40 años pasaron desde la que empezó en el predio detrás de la Facultad de Derecho, que con el tiempo se volvió más aglomerada y olorosa a choripán, a esta, más vasta y lujosa, igualmente abigarrada, en territorios de Plaza Italia. Tengo mejores recuerdos de las primeras, un espacio de resistencia en la dictadura, donde podías conseguir libros que no estaban en otro lado, que de estas, mas espectaculares y ¡ay! signo de los tiempos, más comerciales. Pero estaré ahí, en las lecturas de Paolantonio, en las Jornadas de Microficción que con esfuerzo y voluntad inclusiva viene realizando los últimos años Raúl Brasca, en algún acto más. E invito a todo el que pueda a circular por ella. Lleven niños, cómprenles un libro, léanselo con placer.

Zulma Fraga

Serán ceniza, mas tendrá sentido

El 24 de marzo de 1976 comenzó la dictadura más cruel y sanguinaria de todas las que tuvimos, y se abrieron camino los asesinos seriales de la patria. Para que las heridas cicatricen hace falta justicia y castigo a los culpables. Para que nunca más, es imprescindible la memoria. Y cierro esta nota con palabras de Juan Gelman.
Zulma Fraga
Bajo la lluvia ajena (notas al pie de una derrota) –
III
¿Acaso soy otra cosa? Vinieron dictaduras militares, gobiernos civiles y nuevas dictaduras militares, me quitaron los libros, el pan, el hijo, desesperaron a mi madre, me echaron del país, asesinaron a mis hermanitos, a mis compañeros los torturaron, deshicieron, los rompieron. Ninguno me sacó de la calle donde estoy llorando al lado de mi perro.¿Qué dictadura militar podría hacerlo? ¿Y qué militar hijo de puta me sacará del gran amor de esos crepúsculos de mayo, donde la ave del ser se balancea ante la noche?
No era perfecto mi país antes del golpe militar. Pero era mi estar, las veces que temblé contra los muros del amor, las veces que fui niño, perro, hombre, las veces que quise, me quisieron. Ningún general le va a sacar nada de eso al país, a la tierrita que regué con amor, poco o mucho, tierra que extraño y que me extraña, tierra que nada militar podrá enturbiarme o enturbiar.
Es justo que la extrañe. Porque siempre nos quisimos así: ella pidiendo más de mí, yo de ella, dolidos ambos del dolor que el uno al otro hacía, y fuertes del amor que nos tenemos.
Te amo, patria, y me amás. En ese amor quemamos imperfecciones, vidas.
roma/9-5-80

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