Día del amigo

En Argentina hoy, 20 de julio, es el Día del Amigo. Lo que empezó siendo  un simple festejo a la amistad terminó cooptado por el mercado. Algunos se molestan, a mí no me importa, porque me subo a todos los festejos. Los argentinos siempre hemos hecho de la amistad un culto y tenemos claro que los amigos verdaderos no pueden ser los que se amonontonan en las redes sociales. Pero a los cercanos en lugar y afecto los tenemos siempre presentes. Entonces, hoy, con alegría, un brindis por ustedes y este poema de Gelman como regalo.

Zulma Fraga

Juan Gelman

A mí me han hecho los hombres que andan bajo
el cielo del mundo
buscan el brillo de la madrugada
cuidan la vida como un fuego.

Me han enseñado a defender la luz que canta conmovida
me han traído una esperanza que no basta soñar
y por esa esperanza conozco a mis hermanos.

Entonces rio contemplando mi apellido, mi rostro en
el espejo
yo sé que no me pertenecen
en ellos ustedes agitan un pañuelo
alargan una mano por la que no estoy solo.

En ustedes mi muerte termina de morir.
Años futuros que habremos preparado
conservarán mi dulce creencia en la ternura,
la asamblea del mundo será un niño reunido.

 

Lo nuevo

En Producción Literaria, Poesía, dos poemas imperdibles de Graciela Rey, y en Producción infantil, un cuento delicioso de Lola Funes, una argentina de 12 años que vive en México y a quien damos la bienvenida en estas páginas.

Sobre ¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género

¡Esta antología está dando que hablar!

Y nosotras dos, Zulma Fraga y Mireya Keller, participamos de ella.

Publicamos a continuación la tapa del libro, un artículo sobre el mismo escrito por Mariana Carbajal para el diario Página 12, el que contiene además la génesis de este proyecto. Y luego nuestros textos que hacen parte de este libro.

Tapa ¡Basta!

 

UN LIBRO DE MICRORRELATOS EN TORNO DE LA VIOLENCIA DE GENERO

Los cuentos contra el machismo

Autoras reconocidas, noveles y amateurs respondieron a una convocatoria para escribir relatos de no más de 150 palabras. El resultado es ¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género, que interpela, conmueve e invita a reflexionar. Cómo se gestó el proyecto.

Por Mariana Carbajal

Página 12

Cien escritoras unieron sus voces contra la violencia machista en una antología de microficciones, cuentos brevísimos, que no superan las 150 palabras, en donde la poética se cruza con el dolor y el horror. En ¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género (Buenos Aires, Macedonia), plumas de la trayectoria de Ana María Shua, Luisa Valenzuela, Silvia Plager y María Rosa Lojo se entrelazan con autoras noveles y amateurs que respondieron a una convocatoria abierta y reflejan la amplia geografía argentina. El proyecto nació en Chile, para llamar la atención social frente al aumento de los femicidios y se está replicando a lo largo de Latinoamérica.

Los libros son pequeños, de bolsillo. Los relatos conmueven, estremecen, interpelan, invitan a reflexionar. La primera versión de ¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género se gestó en el país trasandino y se publicó en 2010 bajo el sello del Grupo Editorial Asterión, a partir de la iniciativa de un puñado de escritoras chilenas, entre ellas Pía Barros y Susana Sánchez Bravo. “Las cifras negras de femicidio y sus secuelas llegan a un tope terrible en el año 2000 en Chile, cuando en Alto Hospicio, Iquique, quince jóvenes de entre 13 y 24 años desaparecen sin dejar rastro ante la pasividad de las autoridades competentes, quienes aventuran la tesis de que las niñas han optado por la prostitución para salir de la pobreza y han viajado al Perú. Una de las víctimas sobrevive y declara identificando a su agresor, quien posteriormente confiesa y se encuentran algunos de los cadáveres de las víctimas. Esto nos puso, como escritoras y editoras, ante una verdad ineludible: si eres mujer, vales menos que un hombre; y si eres mujer pobre, vales menos aún”, recordó Bravo.

Esa primera edición se convirtió en hito y empezó a reproducirse en otros países de la región. Después de Chile, se publicó en Perú y luego en la Argentina, donde la propuesta llegó de la mano de la mendocina Miriam Di Gerónimo, investigadora y profesora titular de dos cátedras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo. En noviembre de 2011, Di Gerónimo invitó a las creadoras del proyecto chileno al IV Congreso Nacional de Minificción, que se hizo en la UNCuyo. Y en ese evento le encargaron la edición argentina.

“Nunca había pensado trabajar en literatura de género, me sorprendí, pero lo asumí como un compromiso. Invité entonces a otros escritores: Leandro Hidalgo, Fabián Vique, Sandra Bianchi y a la investigadora Amor Hernández”, contó en diálogo con Página/12 la profesora mendocina, que hace alrededor de quince años que estudia crítica y teóricamente el microrrelato, esa forma breve de contar, en Latinoamérica.

Después de la Argentina se sumó Bolivia. En Venezuela están listos los microtextos, a punto de entrar a imprenta. Este año se lanzaron, además, las convocatorias en Colombia, México y Brasil. En 2012, el Grupo Asterión, de Santiago, Chile, publicó ¡Basta! Cien hombres contra la violencia de género y ¡Basta! Cien cuentos contra el abuso infantil.

La convocatoria para la edición argentina fue abierta, por las redes sociales. Di Gerónimo buscó escritores y escritoras que fueran referentes de diferentes regiones argentinas, para darle un matiz federal y que la ayudaran a difundir la propuesta. “Por ejemplo, Mempo Giardinelli en el Litoral, Luisa Valenzuela en Buenos Aires, Julio Estefan en Tucumán, Eduardo Gotthelf en la Patagonia. A través de ellos, sus contactos y los nuestros fuimos recibiendo contribuciones de diferentes provincias, de escritoras famosas, como Luisa Valenzuela, Ani Shua, María Rosa Lojo, otras más o menos conocidas y otras amateurs”, precisó Di Gerónimo. El formato genérico fue el microrrelato, por eso las escritoras debían expresarse en no más de 150 palabras. La brevedad, el valor estético y la relación con el tema fueron determinantes en la selección.

Para Di Gerónimo, el proyecto tiene un doble objetivo. No sólo alertar sobre la violencia machista: también visibilizar la escritura de mujeres, que ha sido bastante silenciada, dice. “Si pensamos bien, durante siglos las mujeres adoptaron nombres masculinos, nombres falsos, el de sus esposos, etc. Parecen historias de la Edad Media o del siglo XIX como las hermanas Brontë o George Sand. Sin embargo, por dar sólo un ejemplo, sabemos que los editores de la saga de Harry Potter, la firma Bloomsbury, exigieron a la autora que no firmara con su nombre completo, sólo con iniciales, J. K., porque temían que la audiencia de muchachos jóvenes se viera reticente a comprar un libro escrito por una mujer. Esto indica que la ocultación permanece vigente. Sin querer queriendo, hemos conseguido, en cada país, un volumen que reúna a cien mujeres, caso inédito en las antologías latinoamericanas. Se trata, además, de que la literatura deje de lado las belles lettres y se ocupe de temas urgentes, sociales, urticantes y vigentes para protestar, denunciar, tomar partido y, por qué no, cambiar el mundo. Estoy convencida de que la literatura es una forma de conocimiento. Después de su lectura, este libro debería conmovernos y hacernos tomar conciencia sobre los diferentes tipos de violencia a los que se ve sometida una mujer: física, psicológica, simbólica, en el ámbito doméstico, laboral, etc. y volvernos más sabios. Quizá ‘conocer’ para ‘prevenir’ este flagelo que envuelve a todo el planeta”, señaló Di Gerónimo a este diario.

–¿Que repercusión han tenido a partir de la publicación del libro argentino, en 2013? –le preguntó Página/12.

–Insospechada, puesto que los libros ¡Basta!, que considero ya una red solidaria, femenina, social, latinoamericana, se van traduciendo a varios idiomas. Así, en 2012 se tradujo el ¡Basta! chileno al inglés en una edición bilingüe, ¡Enough!, que involucró a una profesora universitaria: Martha Manier. La edición argentina ya cuenta con traducciones parciales al francés por la Université de Poitiers, a través de Caroline Lepage, algunos textos del ¡Basta! forman parte de la publicación Lectures d’Argentine 1 y Lectures d’ Argentine 2 y al alemán en la revista Ila. Invitados por iniciativa de diferentes centros, hemos presentado el libro en los lugares menos pensados, lejos de los circuitos académicos. Como por ejemplo, en el marco de la convocatoria de Mujeres Construyendo Comunidad, invitados por el Centro de Salud Mental Infanto Juvenil

No 6 de Costa de Araujo, Lavalle: un municipio mendocino muy carenciado en el que han desaparecido varias mujeres jóvenes, probablemente, por la acción de una red de trata.

También recibió invitaciones para disertar sobre el proyecto de Unicef, Flacso Argentina y organismos gubernamentales como los ministerios de Salud y de Desarrollo Social de la provincia de Mendoza. En Neuquén, fue invitada por su vicegobernadora, Ana Pechén, quien editó, en marzo de este año, ejemplares de distribución gratuita y está interesada en financiar el ¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género, siguiendo a las chilenas, cuya convocatoria están por lanzar.

–¿Por qué le interesó el problema de la violencia hacia las mujeres? –le preguntó este diario.

–Porque todas hemos sufrido alguna vez algún tipo de violencia por el solo hecho de ser mujeres. El libro es una especie de exorcismo y de advertencia. Creo que la literatura puede cambiar el contexto que toca, ya sea en la escritura o en la lectura, como dice Pía Barros, alma máter del proyecto chileno, “ya sea por reflexión, efecto espejo o simplemente por la belleza”. Porque estoy convencida de que si una sola mujer, a través de la lectura de este libro, se salva de padecer o seguir padeciendo violencia de género, nuestra tarea no ha sido en vano.

 Discurso

Dijo ni se te ocurra y apenas levantó la voz.

Dijo no te lo volveré a repetir y golpeó en la mesa.

Dijo es la última vez y le partió la cara a trompadas.

Dijo de esto no te olvidarás y la roció con alcohol.

No dijo nada y encendió el fósforo.

Zulma Fraga

Dijo poco hombre

Eso dijo. Poco hombre, maricón. Usted me entiende señor Juez. Tenía que defenderme. Salvar mi honor. Por eso busqué el martillo. Claro que le pegué fuerte. Pero la maldita seguía gritando. Hasta que saqué el facón, el grande, de hacer asado. Y por fin.

Gracias señor Juez.

Su comprensión me conmueve.

Mireya Keller

 

 

La otra cara de la luna

Así como escribí sobre el “festejo” de la gran bacanal en la que se ha transformado la Feria del libro, que es absolutamente fidedigno, en la que todo vale, también quiero comentar sobre la “otra cara de la luna”. Es decir, sobre los “escritores de verdad”, esos referentes nuestros que se nos van yendo y que hasta ahora parecen irremplazables. Esos escritores que hacen que leer valga la pena. Este último año además la lista de los que se fueron se hizo larga: Carlos Fuentes, Octavio Paz, Juan Gelman, y en forma reciente, nuestro querido y tropical Gabriel García Márquez. Se nos van los que pertenecieron a esa era especial del “boom” latinoamericano, tan queridos y admirados, como los que nos faltan desde mucho antes, Cortázar, Onetti, Donoso, Neruda, Borges. Dije “irremplazables” no solo por hablar de América Latina, tampoco en el resto del mundo parece abundar el talento. Los medios y mecanismos electrónicos que han proliferado nos han acercado en distancia pero por lo visto, no en excelencia. Hablando con Zulma el otro día sobre qué libro le recomendaba, de los actuales, le dije que no encontraba ninguno. Tal es así que no he hecho más reseña de libros en el último tiempo, y no es porque no haya leído. Pero como nadie puede ver “la otra cara de la luna”, y la Historia es mucho más que nuestra propia y pequeña historia, tarde o temprano aparecerá algún escritor excepcional. Mientras tanto, y eso es lo más importante del mundo de los libros, los buenos, perdurarán para siempre. Por ejemplo me impresiona todos los festejos que se están haciendo y seguirán durante todo el 2014, por el nacimiento de Shakespeare, el 23 de abril de 1564, hace nada más ni nada menos que ¡450 años! Dijo el absolutamente irremplazable Borges en Everything and nothing: “Nadie fue tantos hombres como aquel hombre, que a semejanza del egipcio Proteo pudo agotar todas las apariencias del ser”. Es que en las obras de Shakespeare está todo, la vida, el amor, la traición, el odio, la venganza, la muerte, y de qué manera está. Claro que sus libros ya hacen parte, y seguirán haciéndolo, de la gran Historia. Cómo no creer en que los “buenos” perduran para siempre, y que no todo es la “biblia y el calefón”. Confiemos en la otra cara de la luna.

Mireya Keller

Mayo y la 40° Feria del Libro

Los primeros vientos fríos comienzan a soplar entre el revuelo de hojas mientras caminamos, inexorables, hacia el inicio del invierno, pero aun nos parece sentir el calor de la muchedumbre que recorría los colmados pasillos de la 40 Feria del libro. Para el tan comentado “fin del libro”, parece una hazaña. Es cierto que cada año es “más feria”, más “biblia y calefón”. Premios nóbeles, como Coetzee este año, un Paul Auster al lado de “vendedores” mediáticos, libros de cocina, autoayuda, entretenimientos. Cada vez más fiesta pagana, pero también la celebración, la vida del libro, la posibilidad de que mucha gente acceda a ese mundo colmado de hojas y palabras – para nosotras ritual y mágico – del que tal vez el resto del año ni se van a acordar. Es una gran fiesta popular, y como tal, adherimos a celebrarla. Al menos una vez al año, el protagonista vuelve a ser el libro. ¡Bienvenido sea!
En medio de esta “fiesta” tuvimos la oportunidad de asistir a la 6° Jornada de Microficción, organizada por Raúl Brasca. Muy bien organizada por Raúl, como siempre. Plena de gente y novedades. Conocidos y también la asistencia de escritores de microficción de diferentes puntos del país y de Latinoamérica. La frutillita del postre de este año: los microteatros. ¡Excelentes!
Una vez más, valió la pena. Será hasta la próxima.

Mireya Keller

Abril 2014

Editorial

Este editorial iba a empezar de otro modo, más jubiloso, que es como seguirá. Pero esa mañana, muy temprano, un noticiario dejó caer la noticia de que Gabriel García Márquez estaba, según su familia, “muy frágil”. Un temblor. Que se acentuó pocas horas después con la noticia de su muerte. Todo se ha dicho ya, y creo que mi opinión está muy bien reflejada en la nota de Carlos Gamerro que subí al facebook de Editorial Piso 12. Cuando apareció “Cien años de soledad” ya había leído “Los funerales de la mamá grande” y “La mala hora”. La leí con esa fruición hambrienta que permitían la calidad de la novela y mi juventud y la convicción militante de la literatura, que no me permitían respiro con los libros.

Nunca quise escribir como él, nunca esos libros interpelaron más que mi fantasía. Parafraseando a Carlos López, el profesor de secundaria de Rayuela, soy porteña, soy maestra, soy clase media, y esas cosas no se arreglan así nomás. Mi literatura fue muy influida por Cortázar, y me costó sacármelo, mi vida, historia, geografía, idiosincrasia, son de llanura, rioplatenses, melancólicas, un tanto introvertidas. A García Márquez le debo momentos de gozo, libros inolvidables, el respeto por su conducta, la suerte por su larga vida. Nos queda la palabra.

Muchas buenas cosas pasan en la ciudad de Buenos Aires, hablo de ellas porque aquí vivo y accedo, no porque sea –y me consta- el único lugar del país donde suceden, e invito a los amigos escritores del interior a enviar reseñas de los actos culturales de sus regiones. Mucha presentación de libros, lectura de poesía, cursos, talleres de escritura. Asistí a una lectura en la Sade donde leyeron poetas entrañables como Máximo Simpson, Enrique Bosseri, Jorge Paolantonio. Lo dejo para el final porque es uno de mis queridos trabajadores de la cultura. No hay para él evento pequeño, siempre está dispuesto a colaborar, a trabajar por la cultura. Y estará, por supuesto, en la inminente Feria del Libro de Buenos Aires.

La Feria del Libro. 40 años pasaron desde la que empezó en el predio detrás de la Facultad de Derecho, que con el tiempo se volvió más aglomerada y olorosa a choripán, a esta, más vasta y lujosa, igualmente abigarrada, en territorios de Plaza Italia. Tengo mejores recuerdos de las primeras, un espacio de resistencia en la dictadura, donde podías conseguir libros que no estaban en otro lado, que de estas, mas espectaculares y ¡ay! signo de los tiempos, más comerciales. Pero estaré ahí, en las lecturas de Paolantonio, en las Jornadas de Microficción que con esfuerzo y voluntad inclusiva viene realizando los últimos años Raúl Brasca, en algún acto más. E invito a todo el que pueda a circular por ella. Lleven niños, cómprenles un libro, léanselo con placer.

Zulma Fraga