Tuiteratura: ¿una provocación o el futuro de la literatura?

Si quieres leer este polémico artículo publicado por Juan Pablo Bobino para La Nación, y una especie de breve reflexión sobre el mismo: ¿Tuiteratura? escrito por Mireya Keller, anda a la sección “Producción  literaria”, “Artículos” y puedes darnos  tu propia opinión.

05 de marzo 2018

INTRODUCCIÓN GENERAL DE LA CULTURA DEL PODER

Para leer la Introducción general a los 4 volúmenes de la reciente obra publicada de Manuel Figueroa, economista, ex funcionario de Naciones Unidas y responsable por la sección Desde abajo de Piso 12, entrar directamente en dicha sección.

05 de marzo 2018

LA CULTURA DEL PODER, VOLUMEN IV

Prólogo Volumen IV

El Volumen IV integra 9 capítulos escritos para responder una pregunta medular: ¿Qué Procesos de Cambio Social y Político requiere detonar el país para implementar Políticas Públicas destinadas a potenciar su reconstrucción bajo nuevas normas constitucionales que eliminen los Abusos de Poder, impulsen el progreso y garanticen la equidad e inclusión social en todo el país?

En su análisis, el autor asume, como premisa fundamental, que existe razonable consenso en los sectores mayoritarios de la sociedad respecto a que sus pasadas actitudes de abulia y anomia solo agravaron la situación nacional del país transformando a la Argentina en un país de desarrollo imposible. Asume también que las expresiones de involución económica-social y  degradación institucional que registra la actualidad ya cristalizaron en la conciencia crítica de las mayorías sociales la imperiosa necesidad de organizarse para sustentar políticamente a los nuevos gobernantes y participar activamente en la modelación, gestión y evaluación permanente de sus Políticas Públicas destinadas a la reconstrucción del país. Más aún, asume que este proceso podría haber comenzado con el nuevo Gobierno elegido en Diciembre del 2015 aunque sus indecisiones iniciales y la situación real del país hacia mediados del 2017 generan creciente incertidumbre respecto a sus reales potencialidades de cambio.

A partir de tales percepciones, el autor considera que para resolver los severos problemas acumulados a lo largo de 200 años de historia los nuevos Gobiernos de Argentina requerirán desplazar la tradicional Elite Política Dirigente y comenzar la implementación de un conjunto mínimo de nuevas Políticas Públicas destinadas a iniciar la reconstrucción del país. El Volumen IV fundamenta y caracteriza cada una de las Políticas Prioritarias que el país requiere implementar para iniciar su reconstrucción.

Centra sus proposiciones de cambio en la necesidad de involucrar a la Población para impulsar desde el Congreso de la Nación la Reforma Constitucional que posibilite insertar en su contenido nuevos mecanismos institucionales para eliminar en el futuro los Abusos de Poder que hasta el presente trabaron el progreso del país. El autor enfatiza que la Constitución del país fue sancionada a mediados del siglo XIX cuando su población apenas alcanzaba 1.800.000 habitantes. En aquellos tiempos, sus normas, plenamente compatible con las ideas dominantes en EEUU, Francia e Inglaterra, expresaban el plexo axiológico conservador y liberal propio de las Elites Dirigentes de un país potencialmente rico, poblado de desiertos. En su elaboración ninguna participación relevante tuvieron los representantes  de los pueblos del interior ni los sectores mayoritarios de la sociedad. Desde aquel entonces el país y el mundo experimentaron profundas mutaciones demográficas, económicas, sociales, institucionales y culturales. La actual Argentina registra 43 millones de habitantes y en muy pocos años llegará a los 50 millones. En todo el tiempo transcurrido desde su sanción en 1853 sus Gobernantes nunca decidieron consultar a su pueblo para reformar el plexo axiológico de su Constitución. La Reforma de 1949 fue eliminada por el Gobierno Militar tras el golpe del 55 y la Reforma de 1994 fue, básicamente, expresión de acuerdos entre nomenclaturas partidarias para sustentar mezquinos intereses. Sus avances en materia institucional fueron menores: los más significativos quedaron incumplidos o permanecen empantanados en los barros de la realidad.

Se requiere la Reforma de la Constitución para crear un Nuevo Estado de Responsabilidad Social destinado a frenar la involución del país y construir la Argentina Verdadera en substitución al Estado Liberal que hacia mediados del siglo XIX cristalizó la Argentina Posible. El país no requiere más de Reformas parciales que nada cambian. Requiere sí la creación de un Nuevo Estado que solemnemente reconozca al Poder Social como Poder Soberano de la Nación y especifique, con precisión, roles y responsabilidades, derechos y obligaciones de Gobiernos y Sociedad Civil tanto para eliminar  los Abusos del Poder que en el pasado trabaron el progreso del país como también para avanzar en su reconstrucción integral asegurando su estabilidad institucional como  Republica Federal y Democrática, su progreso material bajo criterios de equidad social-regional y la vigencia plena de condiciones de inclusión y trabajo productivo para todos los ciudadanos que habiten el suelo argentino. Esquemáticamente, la Reforma de la Constitución posibilitará instituir, en la letra y espíritu de la Carta Magna:

  • una nueva configuración del Poder para eliminar, en el futuro, los abusos que impulsaron en el pasado la involución y degradación de la República;
  • los recaudos jurídicos necesarios para impulsar la sanción e implementación de nuevas Políticas Públicas destinadas a impulsar la reconstrucción integral del país, su crecimiento económico y la equidad entre regiones y sectores sociales asegurando su convivencia democrática y eliminando en el futuro toda manifestación de exclusión, pobreza e indigencia.

La Reforma de la Constitución posibilitará, en primer término, perfeccionar el funcionamiento de los Tres Poderes del Estado mediante la permanente supervisión de un Poder Moderador con capacidad institucional de revocación de mandatos de representación. En segundo lugar, la Reforma permitirá modificar su texto normativo o insertar nuevos contenidos para que los sucesivos gobiernos puedan formular e implementar – sin impedimentos de naturaleza jurídica – sus políticas públicas destinadas a materializar en el tiempo los siguientes objetivos: Modernizar y Racionalizar la acción del Estado; Instituir un nuevo sistema de democracia participativa que al funcionar de forma simultánea con el actual sistema representativo posibilite su permanente control y perfeccionamiento;; Descentralizar el funcionamiento del Estado mediante la formación de macroregiones y microrregiones para fortalecer la administración en los gobiernos provinciales y municipales, respectivamente; Reducir las magnitudes del Gasto Público y bajar significativamente la presión fiscal sobre las empresas; Instituir políticas tributarias específicas para eliminar la evasión y elusión fiscal; Instituir una nueva tributación anual sobre ApRequerir de los sectores ultra minoritarios de la población que concentran niveles extremos de riqueza e ingresos, en carácter de contribución solidaria, aportes monetarios equivalentes al 2% y 5 % de sobre sus rentas anuales para la formación de un Fondo Nacional de Solidaridad a ser administrado básicamente por el Sector Privado – con la cooperación del  Gobierno – destinado a financiar la masiva creación de empleos productivos en mercados sociales a organizarse al  interior de las provincias; Estabilizar la macroeconomía en su dimensión real y monetaria insertando en la Constitución normas específicas para regular su funcionamiento; Regular el funcionamiento sincrónico de tres formas de organización de la Economía (Pública, Privada y Social-Comunitaria); Instituir un nuevo Sistema Monetario y Cambiario con una segunda moneda de valor constante como unidad de cuenta y referencia temporal; Regular la participación del capital, nacional y extranjero, bajo normas especiales de incentivos y seguridad jurídica, para expandir su radicación en todo el territorio nacional; Diversificar las estructuras productivas del país promoviendo la modernización de las Economías Industrial y de Servicios mediante masiva incorporación de la tecno-ciencia para ganar productividad y competitividad internacional; Perfeccionar los sistemas de propiedad y arrendamientos de tierras promoviendo nuevas Políticas de Colonización Rurbana; Modernizar y Racionalizar los sistemas de distribución y abastecimientos alimentarios; Asegurar la redistribución de ingresos entre los perceptores de rentas provenientes del capital y del trabajo; Reformar el Sindicalismo asegurando su democratización y modernización de la legislación socio-laboral; Garantizar la responsabilidad del Estado en la Programación, Control, Evaluación y Cofinanciamiento de los Servicios Públicos esenciales para  beneficio de toda la población (agua, saneamiento básico, salud, previsión social,  vivienda social); sancionar nueva legislación regulatoria en materia de propiedad de los recursos naturales del subsuelo y control del medio ambiente; Instituir un nuevo Sistema Nacional de Leyes de Coparticipación para transformar el Federalismo Fiscal en potente mecanismo para impulsar el progreso económico del país y democratizar las relaciones entre Gobierno Nacional y Gobiernos Provinciales; promover la activa participación  del país en la conformación de nuevos esquemas regionales de integración para impulsar su inserción en la economía mundial.

Para acelerar en toda la sociedad la cristalización de su conciencia crítica sobre la urgente necesidad de proceder a la sanción de una nueva Constitución será preciso que los    Gobiernos Nacional y Provinciales, los Partidos Políticos, los Sindicatos, las Entidades Empresarias, las Organizaciones Profesionales y Vecinales, la Academia, las Universidades y las Entidades de la Cultura decidan movilizarse para discutir y elaborar consensos sobre  nuevas políticas públicas destinadas a regir la vida de una sociedad decidida a eliminar en el futuro los Abusos de Poder cometidos desde las instituciones de la República y toda manifestación de pobreza e indigencia, impulsando el progreso y bienestar para la digna convivencia armónica de 50 – 60 millones de  argentinos. La Obra que ahora se presenta, preserva la íntima esperanza de que sus ideas y reflexiones puedan servir para que Gobiernos y Sociedad puedan cincelar sus aspiraciones y dar formas jurídicas definitivas a tan nobles propósitos.

 

Para aportar respuestas convincentes el Autor concentró sus reflexiones en torno a la dinámica global del sistema capitalista y, particularmente, sobre los procesos de cambio social y político que, con variable intensidad, acontecieron  en diversas regiones del mundo tras el doble propósito de reducir las consecuencias sociales negativas de aquel sistema y potenciar el funcionamiento de sus  mecanismos más virtuosos para asegurar el crecimiento acelerado de la riqueza material y el bienestar de sus poblaciones. Los casos más emblemáticos que guiaron los estudios fueron los procesos de cambio que acontecieron en los países de la Europa Nórdica, Europa Central, EEUU, Canadá, Unión Soviética, China, Brasil, México, Chile y Colombia. Las enseñanzas más fecundas que resultan de aquellas experiencias permitieron sustentar las siguientes conclusiones:

 

05 de marzo 2018

LA CULTURA DEL PODER, VOLUMEN III

Prólogo Volumen III

El Volumen III contiene cinco capítulos y se titula “Claves para una interpretación del subdesarrollo argentino”. Presenta, en su capítulo XII, el análisis integral de los cinco ciclos analizados en el Volumen II identificando tanto los mecanismos que posibilitaron su eslabonamiento como también los significativos cambios que a través del tiempo ocurrieron en la naturaleza y  conductas de los actores sociales que integraron la matriz original de poder. El capítulo XIII profundiza el análisis histórico-político de los ciclos históricos en procura de desentrañar, en lenguaje gráfico y cuantitativo,  las tendencias de largo plazo que impulsaron su mecánica de articulación temporal. Este análisis se concentra en la dinámica de un conjunto crítico de variables económicas y sociales y concluye afirmando que desde mediados del siglo XIX la gobernabilidad del sistema político argentino se sustentó en la continuidad y fortaleza de una clase dominante que supo preservar el núcleo duro de sus intereses materiales y mantener su hegemonía política-ideológica sobre gobiernos y sociedad. Tales condicionantes, si bien impulsaron etapas de reconocido progreso económico y esplendor cultural entre 1860 y el comienzo de la primera guerra mundial no pudieron eliminar las profundas grietas de diferenciación social y regional que, desde los albores de la nacionalidad, marcaron el destino de la sociedad argentina.

El Volumen III destaca que entre la primera guerra mundial y 1955 se sucedieron en el país tres importantes Programas de Gobierno destinados a reducir la hegemonía del Poder Conservador y a resolver los problemas de exclusión social que había impuesto en la vida política, económica y social del país desde mediados del siglo XIX. De hecho, el primer Programa fue conducido por el Partido Radical entre 1916 y 1930 y su principal objetivo fue el de ampliar el espacio político para posibilitar la participación de los sectores medios de la sociedad y sentar las bases para la producción de energía dentro del país. El segundo Programa fue administrado por Gobiernos militares y civiles bajo directa supervisión de  las Fuerzas Armadas durante el período 1930 – 1943. Contó con la participación de una selecta  tecnocracia bajo control político de facciones modernizantes del Régimen Conservador. Su principal objetivo fue el de administrar en el país nuevos instrumentos de Política Económica para modernizar las estructuras económicas, generar empleos  mediante planes de Obras Públicas y atenuar las consecuencias económicas, financieras y sociales derivadas de la crisis mundial del 29. En efecto, sus Políticas y Programas estaban destinados, básicamente, a incorporar en la gestión pública un conjunto de nuevos instrumentos de Política Económica para reducir las consecuencias derivadas de la significativa reducción de las exportaciones argentinas en el mercado mundial de carnes y productos agrícolas bajo directo control monopsónico de Inglaterra. Paralelamente el país adoptó un Plan Nacional de Obras Públicas para generar infraestructura y empleos; instauró el impuesto a los réditos y creó la institucionalidad necesaria para administrar la política monetaria, cambiaria y crediticia.

El tercer Programa de Gobierno destinado a insertar en la vida política y social del país la activa participación de la clase obrera y superar tanto las inflexibilidades del régimen conservador predominante en el país como las consecuencias económicas y sociales de la crisis mundial del 29 estuvo a cargo de dos sujetos históricos de real significación: el Poder Militar durante el período junio 1943 – julio 46 y las dos administraciones del Presidente Perón que gobernó el país entre 1946-1953 y 1953-1955 cuando un tercer golpe militar lo destituyó de sus funciones.  Aunque cada uno de los tres grandes Proyectos Políticos referidos pudo materializar avances parciales en la consecución de sus objetivos ninguno pudo concretar la plenitud de su implementación. r plenamente sus objetivos propuestos. Desde lo político e institucional el peronismo trató de flexibilizar el Orden Conservador y abrir espacios institucionales para la orgánica participación de los trabajadores y sectores medios y pobres de la sociedad. Los propósitos referidos no pudieron alcanzarse plenamente.

Los hechos referidos, cristalizaron, en consecuencia, la vigencia hegemónica de una anacrónica y abusiva Cultura Conservadora de Poder que, al impregnar y deformar los valores y conductas de los sucesivos gobiernos, impidió la adopción de formas republicanas y democráticas de organización institucional y la aplicación efectiva de aquellos mecanismos constitucionales insertos en la Carta Magna para controlar y equilibrar el Poder. De hecho, tras el tercer golpe militar de setiembre del 55, el Poder Conservador retomó plenamente su plena hegemonía y mediante el uso de diversos mecanismos de presión e inducción controló y ajustó las riendas de los sucesivos gobiernos militares y civiles que administraron el país hasta fines del 2015.

Durante todo este largo período de 60 años Argentina experimentó la gradual desintegración en su superestructura política-institucional afectando el progreso económico, la gobernabilidad del sistema social y acelerando la degradación e involución del país. Aquel proceso se desencadenó por una diversidad de circunstancias internas y externas que llevó a buena parte de sus Gobernantes a abandonar sus roles tradicionales de Representación Formal del Poder usurpando las instituciones del Estado para ejercitar el  Poder Institucional en defensa de aspiraciones mesiánicas, de valores pre-democráticos de carácter totalitario o de mezquinos intereses personales, grupales o partidarios. Por  la praxis de tal metamorfosis, se situaron al margen de la norma constitucional, incumplieron compromisos asumidos con la ciudadanía y sometieron al capricho de  sus decisiones arbitrarias los roles institucionales que debían cumplir las instituciones del Estado, la sociedad, las personas y los Factores Internos y Externos de Poder. Se transformaron,  en mayor o menor grado, en Factores Autónomos  de Poder acelerando la degradación institucional del país y sumergiendo a su economía en situaciones de caos e involución.

En el transcurso de 200 años de historia argentina, los conflictos no resueltos entre las mayorías sociales, los Gobiernos y los Factores internos y externos de Poder  acumularon en el país un núcleo duro de problemas estructurales de naturaleza económica, social e institucional que, al permanecer sin resolución, amplificaron sus dimensiones y terminaron limitando fuertemente el desarrollo del país. El capítulo XIV tratará sobre este tema olvidado y permitirá referir algunas de las severas carencias que aún caracterizan al régimen constitucional, a la economía, demografía y al sistema político vigente. En particular, se tendrá oportunidad de reflexionar sobre la extrema concentración de la riqueza y de la demografía en la región central del país; la pérdida sistemática de sus   recursos naturales, las inconsistencias de la política económica, monetaria, tributaria y fiscal; los vicios y deformaciones del sindicalismo y de las políticas sociales; la sensible dependencia económica externa en la gestación y administración del excedente económico y la extrema hipocresía que aún domina en la cultura institucional del país al denominar Federalismo lo que en verdad representa un caso extremo de país unitario, centralista, absolutista y arbitrario.

El capítulo XV expone el vigor de Siete claves para una interpretación integral de la historia argentina, incluyendo los años de guerra civil, de forzada integración territorial y organización nacional, de esplendor y progreso material y cultural, de transición y cambios estructurales hasta su última etapa de franca y dolorosa involución institucional, económica y social. Como conclusión dominante este capítulo enfatiza que desde mediados del siglo XX, Argentina perdió la brújula y descarriló. Inició su desplome integral y gobierno y sociedad, por caminos separados, sin la fuerza y atracción de un proyecto  de país socialmente consensuado, continuaron su aciaga travesía hacia su autodestrucción y la nada atravesando sucesivos períodos de desconcierto, barbarie militar, tinieblas, grosera enajenación del patrimonio nacional,  dependencia y populismo inconducente. ¿Quiénes fueron los responsables directos por tales sucesos? En todo aquel tiempo perdido el país no pudo recrear y estabilizar un apropiado marco institucional republicano y democrático para consolidar un Estado con Responsabilidad Social eficiente y responsable por la ciclópea tarea de organizar las energías sociales para reconstruir el país. ¿Hacia dónde se desplaza la sociedad argentina?

El Capítulo XVI, finalmente, utilizando las siete claves referidas en el capítulo anterior, presenta una interpretación integral de la evolución del país diferenciando la incidencia de los condicionamientos culturales, económicos y sociales que, gestados dentro y fuera del país, abrieron, a partir del siglo XIX, los sinuosos caminos de la historia argentina. Tiempos hubo en que aquel camino se borró y los senderos se perdieron en la nada provocando profunda desorientación ideológica en la dirigencia y desconcierto en la sociedad; hubo tiempos de extrema violencia social con profundos desentendimientos entre civiles y militares que quisieron transformar el país en un inmenso cuartel. Finalmente, hubo tiempos de esperanza democrática en que la sociedad confiaba en retomar definitivamente los senderos y caminos del progreso y la equidad. Lamentablemente, también aquel tiempo pasó acumulando nuevas frustraciones. Tras un largo camino de 205 años, la sociedad se encuentra, nuevamente, al borde de su desconcierto: ¿Es Argentina un país de desarrollo imposible? En cada uno de los tiempos históricos analizados en este capítulo ¿cuáles fueron sus  principales condicionantes y contradicciones? ¿Cuáles serán los sectores sociales con mayores potencialidades de detener su degradación e involución para iniciar la gesta de reconstrucción nacional?

 

 

05 de marzo 2018

LA CULTURA DEL PODER, VOLUMEN II

Prólogo Volumen II

El Volumen II, titulado Los ciclos en la historia  argentina, contiene cinco capítulos a través de los cuales se penetra en la historia del país explorando los acontecimientos más relevantes de naturaleza institucional, económica, política y social que sucedieron al interior de cada uno: el capítulo VII tratará sobre el I Ciclo, comprendido entre los años 1810 y 1853/60; el capítulo VIII permitirá  reflexionar sobre el II Ciclo destacando la significación de los acontecimientos más relevantes que sucedieron entre 1860/62 y 1912/16; el capítulo IX, estudiará con detenimiento la trascendencia histórica de los hechos que dominaron el escenario temporal del III Ciclo transcurrido entre 1916 y 1955; el capítulo X analizará los principales hechos sociales que acontecieron durante los años del IV Ciclo que comenzó en 1955 con la caída del II gobierno de Perón y finalizó con la crisis de diciembre del 2001.  El capítulo XI focalizará  la significación política, institucional económica y social del V Ciclo iniciado a comienzos del 2002 y concluido recientemente hacia fines de diciembre del 2015.

El análisis histórico revela que, en promedio, la extensión de cada uno de los cuatro primeros ciclos fue, aproximadamente, de 40-55 años posibilitando, tan solo, la participación de dos generaciones en cada uno. Dentro de tales períodos, la población experimentó una sucesión de mini etapas desordenadas de crecimiento, auge, estabilidad, tensiones,  declinación y crisis antes de volver a comenzar un nuevo ciclo vital poniendo en evidencia el alto grado de volatilidad que siempre caracterizó el desarrollo social argentino. La escasa duración de los ciclos históricos en el país tornó más difícil y confuso el proceso de acumular, decantar y trasmitir conocimientos y experiencias que solo el tiempo logra realizarlo con sabiduría mediante sus mecanismos de superposición y transferencia generacional.

Por razones que más adelante se explican, el V Ciclo fue el más breve de la historia argentina: condensó en su tiempo, antes que las virtudes de los mejores gobernantes del pasado, un muestrario de los ejemplos más notables de corrupción, ambiciones, alucinaciones, errores,  caprichos, soberbia, transgresiones, mentiras y frustraciones que registra la historia política argentina. Por la fuerza de sus contradicciones económicas e  institucionales, pareciera ser que dentro de los dos años del Gobierno del Dr. Duhalde y los 12 años del Gobierno de la Familia Kirchner se fusionaron al interior de este Ciclo todas las energías negativas necesarias para detonar el fin de la larga etapa histórica  de degradación y decadencia que cinceló el destino argentino. De verificarse esta presunción, el cambio de gobierno de finales del 2015 podrá representar la histórica oportunidad para que la sociedad argentina potenciara su decisión de participar activamente en la recuperación del país y en la construcción de un futuro mejor para todos.

Por las tramas que a diario conformaron el tejido del presente, se verificó que la duración del V Ciclo solo pudo extenderse por 14 años. La gran incógnita que solo el tiempo podrá develar surge al preguntar si en los pocos años de su traumática y corta existencia la sociedad argentina asistió realmente a los últimos extertores de su Cultura de Poder Tradicional Conservadora. Desde otra perspectiva cabría preguntar si en el transcurso de estos traumáticos 14 años pudieron ya haber ya madurado las fuerzas socio-culturales necesarias para sembrar los genes de una nueva Cultura del Poder destinada a reorganizar institucionalmente el Estado a partir de la cristalización del Poder Social como base de Soberanía y Poder. De verificarse   tales circunstancias, la sociedad argentina habría iniciado, a partir del 2016, los caminos de su reconstrucción integral dando inicio a su Sexto Ciclo Histórico dentro del cual sus Gobernantes asumirán realmente el compromiso de servir a la sociedad para potenciar la reconstrucción del país y consolidar su progreso y equidad desactivando, diluyendo o  destruyendo los genes que históricamente nutrieron la Tradicional Cultura de Poder Conservadora que impulsó en el curso del último medio siglo la involución y degradación del país.

Esta obra interpreta que al agravarse la degradación económica del país y multiplicarse los sectores de la población que no lograron atender  sus requerimientos vitales, ya se crearon las condiciones necesarias para que el súbito despertar de la conciencia crítica en las grandes mayorías detonara en las urnas la decisión de poner un punto final  al Quinto Ciclo. Este hecho trascedente no sobrevino sobre el vacío institucional. Aconteció sobre las cenizas del Estado Liberal que, habiendo alumbrado con la Constitución de 1853-60 la organización institucional del país y sustentado sus primeros 70 años de esplendor y progreso, ya perdió su legitimidad social y su capacidad de servir como faro permanente para orientar el progreso y bienestar de toda la sociedad argentina.

Un nuevo Estado de Responsabilidad Social solo podrá ser cincelado por las manos de un Gobierno democrático surgido del voto consciente y mayoritario de una ciudadanía decidida a escribir en el libro de la historia los contenidos de la próxima Reforma Constitucional registrando, por  vez primera, que las instituciones del Estado argentino y sus Gobernantes tendrán en el futuro la obligación y el supremo honor de servir al pueblo argentino, en vez de transformarse en representantes y defensores de otros intereses culturales y materiales funcionales al Poder Económico, interno e internacional.

En razón de la amplia disponibilidad de valiosos estudios existentes sobre historia argentina, los   capítulos relativos a cada uno de los Ciclos que integran el Volumen II se limitaron, tan solo, a presentar una muy apretada síntesis interpretativa sobre su real significación y trascendencia destacando, en especial, los principales sucesos políticos, económicos e institucionales que, a criterio del autor, acontecieron en cada tiempo histórico marcando mutaciones importantes en las relaciones sociales y en la dinámica del Poder.

Los criterios utilizados tanto para caracterizar el espíritu de cada ciclo como para detectar e interpretar los hechos sociales más sobresalientes fueron eminentemente de naturaleza política[1] y quedaron enmarcados bajo la exclusiva responsabilidad del autor al reflejar, naturalmente, nada más que su visión y valoración personal. Los textos escritos nunca pretendieron constituirse en verdades absolutas. Otros autores, siguiendo sus propias convicciones y al influjo de valoraciones inherentes a la cultura dominante en su propio espacio-tiempo, escribieron páginas memorables seleccionando, describiendo  y valorando otros hechos acontecidos en el devenir de la historia argentina.

Resta mencionar que al final de cada capítulo del Volumen II, utilizando la información disponible, se presentan estimaciones cuantitativas para dimensionar los impactos que las políticas públicas dominantes en cada ciclo produjeron sobre la dinámica del crecimiento económico y el bienestar de los  diferentes sectores sociales.

[1]Aunque en la redacción de los capítulos relativos a cada uno de los ciclos históricos se expresa la interpretación personal del autor se insertan, como homenaje y reconocimiento, en carácter complementario, reflexiones e interpretaciones escritas por aquellos historiadores, investigadores, intelectuales que preservan su jerarquía como grandes maestros de la historia argentina.

 

05 de marzo 2018

LA CULTURA DEL PODER, VOLUMEN I

Prólogo Volumen I

El Volumen I, titulado “El Enigma Argentino” tiene un carácter conceptual, metodológico e introductorio. Se aproxima a este misterio a partir de tres enfoques complementarios. Primero: exhibiendo evidencias cuantitativas de la involución del país; segundo: estudiando la génesis temporal de la Cultura del Poder que cinceló el destino argentino; Tercero: identificando sus principales exteriorizaciones en la esfera institucional y en las conductas de la sociedad.

Su primer capítulo, esencialmente descriptivo, presenta una síntesis sobre “¿Qué pasa con los argentinos?” Su contenido permitirá delimitar el escenario temático sobre el cual se aplica, a posteriori,  un amplio instrumental conceptual y metodológico destinado a penetrar ordenadamente en los laberintos de la historia argentina. El capítulo II, de carácter introductorio, expone la amplia batería de conceptos  utilizados en el estudio del Poder,  referido, específicamente, al caso argentino. Provienen, por lo general, de la sociología y de la ciencia política y serán utilizados  para penetrar con rigor en el estudio de la Cultura del Poder en el país.

Por razones de síntesis, se eliminaron del texto aquellas secciones destinadas a estudiar la génesis y praxis del Poder desde la época de los grandes imperios del Oriente hasta los tiempos de Grecia, Roma y España. En aquel lejano pasado la Cultura del Poder fue el escenario por donde transitaron las múltiples experiencias de organización social de la humanidad y donde las manifestaciones del Poder experimentaron  profundas mutaciones preservando, sin embargo, como esencia de su propia naturaleza, independientemente de las motivaciones insertas en sus fines, instintos de permanencia,  hegemonía y absolutismo. La historia del Poder registra también que en todos los pueblos del mundo solo la reacción en cadena de  sus principales estamentos sociales pudo construir la fuerza necesaria para condicionar y cambiar la praxis del poder vigente. Naturalmente, las formas que adoptaron los conflictos por el Poder registraron múltiples modalidades conforme fueron sus diversos contextos de espacio, tiempo y estructuras sociales.

El capítulo III tratará sobre las diversas raíces históricas-culturales que conformaron  la  identidad nacional y aportaron sus atributos y experiencias para cristalizar la Cultura del Poder que, hasta el presente, sustenta y condiciona la acción de gobiernos y sociedad. En su reconstrucción se deja constancia de la significación trascendente que aún mantienen en la cultura nacional las  ideas, tradiciones, costumbres y códigos de conducta provenientes de sus raíces precolombinas, de la colonización hispánica, del enciclopedismo y del relacionamiento comercial y financiero con el mundo exterior. Para completar el análisis histórico, se destacan también las influencias y múltiples consecuencias derivadas del intenso proceso inmigratorio que durante los siglos XVIII, XIX y XX mezcló las aguas que nutrieron la cultura argentina. Al interior de aquel extenso y complejo contexto histórico de cinco siglos destacan, por su excepcional importancia político-cultural, los acuerdos comerciales celebrados entre España e Inglaterra a comienzos del siglo XVIII habilitando al Río de la Plata como plataforma de comercio exterior para que el imperio británico, por medio del intercambio, cristalizara, junto a la incipiente burguesía local centrada en Buenos Aires, los intereses materiales y culturales que cincelaron la mentalidad de la elite política dirigente que tuvo particular responsabilidad en los sucesos políticos del siglo XIX y marcaron a fuego el destino de la sociedad argentina.

En un lenguaje de síntesis, el capítulo IV presenta una caracterización general sobre los Ciclos que integraron la historia argentina. El concepto de Ciclo utilizado en esta obra es de carácter esencialmente político y refiere el período temporal dentro del cual los integrantes del Poder Formal administran las instituciones de Gobierno con relativa estabilidad y en sintonía con la gama de intereses de quienes controlan el Poder Real. Cuando por alguna constelación de circunstancias se alteran las condiciones de gobernabilidad y el Poder Formal pasa a ser resistido y cuestionado en su legitimidad por otras representaciones políticas afines u opositoras, al punto de sentirse obligado a pactar, ceder o perder porciones significativas de su hegemonía, el país penetra en zonas de creciente inestabilidad política. Quienes detentan el Poder Real procederán, naturalmente, a evaluar los riesgos de gobernabilidad y podrán detonar cambios sustantivos en la composición de sus representaciones. La sociedad percibe tales mutaciones como el fin de un Ciclo y el surgimiento de otro tiempo, de otro Ciclo. El concepto de Ciclo así definido no refiere, necesariamente, la ocurrencia simultánea de crisis en la esfera de la economía aunque en algunos momentos de la historia argentina se hayan verificado rupturas simultáneas en ambas esferas.

El capítulo V presenta una primera aproximación sobre la génesis y morfología de la Cultura del Poder que, en cada tiempo-histórico, pudo haber asumido formas diferentes pero siempre tuvo la responsabilidad de cincelar el destino de la sociedad argentina. Esta Cultura, cristalizada en los albores de la nacionalidad y reciclada permanentemente por los Gobiernos y Elite Política Dirigente al conjuro de una geografía singular y de los avatares del capitalismo mundial, fue la fuerza inmaterial que condicionó, en todos los  tiempos, las estructuras y la dinámica de la vida política, institucional, económica y social argentina. Los Volúmenes II y III proporcionarán la información pertinente relativa a cada Ciclo histórico y su estudio posibilitará confirmar la extrema flexibilidad de aquella Cultura para mantener su  carácter hegemónico. Desde esta visión, se entiende que fueron los Políticos y Elites Dirigentes, civiles y/o militares,  los que, sirviendo a sus respectivos gobiernos, conformaron el instrumento operativo que aquella Cultura utilizó para penetrar y condicionar valores y comportamientos en la esfera de las instituciones del Estado y en la propia vida de los ciudadanos.

Desde comienzos del siglo XVIII aquella influencia estuvo presente y activa en Buenos Aires hasta provocar los hechos de mayo de 1810. A posteriori, aquella misma Cultura impulsó la guerra civil entre las provincias y Buenos Aires hasta que, finalmente, en 1853, logró mimetizarse en el articulado de la Carta Magna para regir, institucionalmente, los destinos de la sociedad argentina. Desde entonces, la misma cultura transformada ya en sustento jurídico del Estado, viene balizando en el país la dinámica de sus Gobiernos y  sociedad. Según esta interpretación, tanto los tiempos pasados de guerra civil, de progreso y esplendor como los tiempos recientes, de degradación e involución, fueron  consecuencia directa de decisiones adoptadas por Gobiernos y Elites Dirigentes en los campos de la economía y de la política bajo la directa influencia de intereses impulsados por aquella misma Cultura de Poder que ejercitó roles hegemónicos en toda la historia argentina.

El capítulo VI, por último, presenta un esquema preliminar para interpretar el enigma argentino. Trata específicamente sobre las influencias y deformaciones que la Cultura de Poder cristalizada en el país pudo ejercer a lo largo de la historia tanto sobre los sucesivos Gobiernos civiles y militares que lo administraron como también sobre los diversos segmentos que integran su sociedad. Los resultados buenos o malos que el país, gobierno y sociedad pudieron recoger en el transcurso del tiempo representan, en esencia, el resultado sistémico de un lento proceso históricamente condicionado por los efluvios de una anacrónica Cultura de Poder que hoy se precisa desplazar para frenar la involución del país y comenzar la histórica gesta de su reconstrucción hacia horizontes de progreso y equidad.