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Tras los nuevos pasos de Don Quijote

Un viaje por los lugares de La Mancha donde, según las últimas investigaciones, habrían vivido los personajes de Miguel de Cervantes. Se cumplen 400 años de la segunda parte de la obra

…La calle ancha donde habría vivido don Quijote ahora es un callejón estrecho colonizado por la iglesia…

…El “castillo” donde se habría armado caballero es escombro y tierra con un pequeño pozo cubierto de hojas de olivo…

Molinos en Campo de Criptana. / ALEJANDRO RUESGA

Apenas queda nada de lo que vio el Caballero de la Triste Figura hace cuatro siglos. Mito y leyenda que son más reales que la realidad, como la vida literaria que le dio Miguel de Cervantes Saavedra(Alcalá de Henares, 1547- Madrid, 1616) cuando lo puso a andar por el mundo hace 410 años (1605) y continuó —con la segunda parte— sus aventuras hará cuatro siglos en este 2015 bajo el nombre de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. Un personaje cuyo rastro en la Tierra siempre se ha buscado, y cuyo penúltimo hallazgo,el de unas supuestas inspiraciones de personas, episodios y lugares, permite seguir los pasos de aquel o aquellos Alonso Quijano que estuvieron entre mortales.

Aún quedan huellas en Quintanar de la Orden del hidalgo Rodrigo Quijada

Es La Mancha de los siglos XVI y XVII resucitada por Isabel Sánchez Duque (arqueóloga) y Francisco Javier Escudero (archivero). Una época que vuelve por el milagro de unos documentos del Archivo Histórico Nacional, Órdenes Militares, desempolvados por ambos investigadores. Lo hace en dos procesos judiciales, por ahora, de los veinte, con más de dos mil folios, de Miguel Esteban, El Toboso y Quintanar de la Orden, con los cuales trabajan los dos expertos y que señalan como posible lugar del amañado olvido a Miguel Esteban, Pedro Muñoz y El Toboso. Aunque lo que ellos buscaban era establecer la biografía y arqueología del camino de Toledo a Murcia que aparece en la obra cervantina, al ser, entonces, el cruce de caminos de medio mundo.

Imagen del pórtico de entrada a El Toboso. / ALEJANDRO RUESGA

Allá muchos creen que a la sombra de cualquier encina de estas praderas nobles está enterrado el que dijo: “Yo soy aquel para quien están guardados los peligros, las hazañas grandes, los valerosos hechos”. Y si de su boca salió eso, de la de sus paisanos manchegos, como la de los investigadores que recorren ahora la zona con EL PAÍS, han salido algunos nombres de su verdadero nombre…

En El Toboso se mantiene el camino de Toledo a Murcia, vital en su época

…Rodrigo Quijada es uno de ellos. Podría ser una de las inspiraciones para el Alonso Quijano, nombre en la obra cervantina. Tenía un escudero, había comprado su hidalguía y era el temido procurador de Quintanar de la Orden, capital administrativa de la zona, con facultad de impartir justicia. Para que nadie dudara, el rollo jurisdiccional estaba visible a todos. Más de 400 años después sobrevive en una rotonda. Un capitel labrado, de casi tres metros de altura, con unos hierros en forma de serpiente en lo alto donde se exhibía al reo. Lo que antes todos miraban con temor, hoy nadie repara en ello. Pero es el lugar al que fueron a parar las denuncias de unos hechos ocurridos en Miguel Esteban en 1581…

…Está un poco más al suroeste de Quintanar donde vivía otra pieza clave del puzzle. Se llamaba Francisco de Acuña, hidalgo y procurador de El Toboso, aunque con casa en Miguel Esteban, donde un 80% de sus pobladores eran hidalgos. Su casa estaba detrás de la iglesia de San Andrés Apóstol. En una calle ancha donde también vivía el hidalgo Pedro de Villaseñor, de los Villaseñor que llevaban décadas de dominio en la región. Ahora es una callejuela donde solo da el sol al mediodía porque desde hace cuatro siglos la iglesia ha ido añadiendo cuerpos, hacia atrás y a los lados, hasta casi pegarse a las casas. Allí empezó la trifulca, cuando De Acuña, vestido con armadura y demás elementos a la usanza caballeresca, y con ganas de destronar del poder a los Villaseñor (conocidos de Cervantes y quienes aparecen en Los trabajos de Persiles y Segismunda), trató de matar a su vecino, el hidalgo Pedro, a lanzazos hasta corretearlo por los campos camino de El Toboso…

…Seis kilómetros separan a los dos pueblos. Por un portazgo, en forma de ojiva, de unos tres metros de alto, hecho de arenisca y continuado en una muralla, habrían entrado los dos hidalgos. Esa puerta fortificada ya no se ve. Lo que se conserva forma parte de una vivienda de la calle Calderón de la Barca. Es un arco tapiado con una puerta de madera en el centro. Dentro, un patio que conserva parte de la torre y algo de muralla con las marcas de cantero ya borrosas por el tiempo. Tres calles más abajo, al lado de la iglesia toboseña, queda una de las pocas casas de la época, como la del Caballero del verde gabán, de tres plantas: la primera con base de piedra y presidida por un portalón de madera; en la segunda, dos balcones con barandilla de hierro desde donde se veía la plaza y el trajín de un pueblo antes famoso por sus tinajas; y en la tercera planta cuatro ventanas en forma de ojiva. Una casa apenas más baja que la torre de la iglesia de la época que divisó don Quijote, a las afueras, antes de topar con ella…

Historia y homenajes a una obra inmortal

– En 1615 Miguel de Cervantes Saavedra publicó lasegunda parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, once años después de la primera, aunque el editor imprimiera la fecha de 1605.

– En esta segunda parte, Cervantes muestra unamayor madurez narrativa y conciencia de novelista. Incluye menos historias intercaladas, desarrolla más las peripecias, al tiempo que los personajes logran una mayor evolución psicológica.

– Desde su origen, la obra ha estado contaminada de errores. El primer trabajo crítico serio es de Rodolfo Schevill y Adolfo Bonilla en 1927-1941.

– Francisco Rico, académico y experto en la obra cervantina, prepara con la RAE una edición especial de Don Quijote, que saldrá en primavera. Arturo Pérez-Reverte ha publicado una versión para jóvenes.

– Este otoño-invierno se han publicado novelas como El final de Sancho Panza y otras suertes(Destino), de Andrés Trapiello, que continúa la historia de personajes del Quijote en las Indias; yLa sombra del otro (Ediciones B), de Luis García Jambrina, inspirada en la vida del escritor.

– En 2015 se prevé el desenlace de varias noticias: saber si están o no los restos de Cervantes bajo la cripta de la madrileña iglesia de las Trinitarias;más datos sobre su biografía (José Cabello ha descubierto algunos) y su paso por algunos pueblos de Andalucía y detalles sobre los documentos hallados por Isabel Sánchez y Francisco Escudero.

…Aguardaba entre las sombras del bosque a Sancho cuando quedó cautivo de Dulcinea. Sobreviven unas pocas encinas y arbustos a la vera de un camino polvoriento que antes fue crucial, el de Toledo a Murcia. Por ahí iba y venía todo el mundo y el progreso, y se conseguía de todo, incluidos libros de caballería. Cuentan los investigadores, Isabel Sánchez y Francisco Javier Escudero, que esa tierra congeniaba con una gran variedad de cultivos y árboles que formaban bosquecillos y dehesas. Verde, verdes de toda clase eran los colores de La Mancha. Antes de que la necesidad de madera o de cultivo de trigo para alimentar al Reino que se ensanchaba en América cambiara el paisaje. El dominio ahora es de los viñedos…

…Solo queda el gruir alebrestado de las grullas que por estos días enmarañan el cielo en busca de la laguna de Manjavacas, en Mota del Cuervo, en una parada rumbo al calor de África. Cerca del centelleo de sus aguas, y en un camino perdido, esa tierra rojiza manchega está revuelta de escombros que guardan aún piedras y adobe de una antigua venta de la época cervantina, la única grande de la zona que habría estado en la ruta Toledo-Murcia. Un olivo solitario y agarrotado por el frío alcanza a sombrear un pequeño pozo cubierto por sus hojas. Hasta ahí habrían llevado los desvaríos a Alonso Quijano a armarse caballero, con las prendas que pertenecieron a sus bisabuelos, para convertirse en Don Quijote de La Mancha…

…Lo hizo en su primera salida. En la segunda, ya con Sancho Panza, el Caballero de la Triste Figura, y tras subir por una loma, descubrió casi cuarenta molinos de viento que creyó gigantes desaforados contra los que luchó. Aguardaban en lo alto de Campo de Criptana, el único lugar en el que se han puesto de acuerdo los investigadores como escenario sin nombre oficial de una de las aventuras más famosas. Sobreviven nueve gigantes. Sus largos brazos, en forma de cuatro aspas, miran al norte. Se divisa lo que debió ver el caballero. En la otra colina, cuatro gigantes miran a los de Criptana, mientras todos los días el sol cae detrás de ellos…

 

Acerca de Don Jorge y su amada ciudad

 

En el sur de Bahía, Ilhéus vive en torno de dos de sus mayores hitos: la riqueza que le proporcionó el cacao y la figura de Jorge Amado, el autor de Doña Flor y sus dos maridos; cada calle es reflejo de la obra del escritor y un recuerdo de aquel pasado de esplendor

Por Ana Callejas  | El Mercurio

 

ILHÉUS (El Mercurio/GDA).- “Elevábase la voz vigorosa e interesada del cura en la oración ardiente, elevábase la voz cascada de las solteronas, el coro unánime de los coroneles, y sus esposas, hijas e hijos, comerciantes, exportadores, trabajadores llegados del interior para la fiesta, cargadores, hombres de mar, mujeres de la vida, empleados de comercio, jugadores profesionales y diversos malandrines, los chiquillos del catecismo y las muchachas de la Congregación Mariana. Subía la oración hacia un diáfano cielo sin nubes, donde, como una asesina bola de fuego, un sol despiadado quemaba, capaz de destruir los brotes del cacao, recién abiertos.” Fragmento de Gabriela, clavo y canela, de Jorge Amado.

La historia de Gabriela es una historia de amor, sí, pero también es una crónica del Ilhéus de principios del siglo XX, donde la riqueza de las plantaciones de cacao dio lugar a la lucha entre el campesinado y los dueños de las haciendas. Publicada en 1958, Gabriela, clavo y canela es el momento narrativo en que Jorge Amado mezcla sus ideas políticas (fue diputado por el Partido Comunista para San Pablo en 1945) con ese ambiente de mulatas sensuales y estilo tropical del Estado en que nació. Amado tuvo otras obras que divulgaron con fama la vida de Bahía y que formaron parte del imaginario colectivo sobre cómo comprendemos Brasil. Obras como Los subterráneos de la libertad, Capitanes de arena, Tierras del sinfín, Mies roja, Doña Flor y sus dos maridos y Teresa Batista, cansada de guerra hicieron de Amado el escritor brasileño de mayor notoriedad internacional. Pero fue en Gabriela, clavo y canela donde el autor plasmó con más detalle lo que veía en las calles de Ilhéus, ciudad donde pasó su infancia.

Hoy, las tierras que rodean a Ilhéus forman un valle eternamente plano, tal y como los describía Amado en algunos de sus textos. En este rincón brasileño, las colinas son de un verde fosforescente, siempre de poca elevación, siempre dejando que la mirada se pierda en un cielo infinito sin que la vista encuentre oposición, sin que haya un límite que entorpezca los sueños. Quizás Amado se benefició de eso, pienso, cuando tras recorrer en un bus parte de los territorios del estado de Bahía el vehículo se detiene en la terminal de Ilhéus.

Me basta caminar sólo un par de cuadras para darme cuenta de aquello que leía en los pronósticos del tiempo: aquí los días se mantienen establemente bochornosos. Siempre es así. Incluso en invierno, cuando entre mayo y julio llueve más que en el resto del año, y los vientos parecen llevar el olor del cacao a cada esquina de este pueblo, en el sur del Estado. Como sea. Cuando sea. Nunca importa la época. En Ilhéus, la vida avanza en medio de perpetuas temperaturas cálidas, sudor y playas.

En este lado de la costa del Atlántico, la comida con aceite de palma y pimienta se mezcla con platos de mariscos en casi todas las recetas, y la ciudad es de una hermosa simpleza para quien está acostumbrado a vivir entre los rascacielos de las grandes urbes: los palacetes de Ilhéus hablan de un pasado mejor, mientras que la poca altura de los edificios contemporáneos aún permite observar la ciudad sin interrupciones. No es que todo sea paz. Caminar por estos callejones durante la noche puede significar el mismo riesgo que hacerlo en las calles de Río de Janeiro, pero aquí casi no se siente el ruido de los autos y la rutina sigue un ritmo muy bahiano, muy calmo.

LA CASA-MUSEO

 

Lo primero que distingo en el centro de Ilhéus es la catedral de San Sebastián, construida en 1931, quizá la construcción más imponente de la ciudad, y símbolo de la época de oro del cacao. Cuando fue edificada esta catedral de colores pastel, Ilhéus era la perla de Brasil gracias a su producción de cacao, que la tenía entre las ciudades más ricas de este país. Esa fama le duró hasta 1980. En esa década, la sensación de prosperidad se vino abajo como si fuera parte de una profecía bíblica: la plaga escoba de bruja arruinó las plantaciones de cacao, y las convirtió en un podrido recuerdo de la grandeza que se vivió en esta ciudad. Ahora, Ilhéus ya no es el mayor productor de cacao del mundo, perdiendo su mercado frente a los productores de Costa de Marfil. Aun así, todavía se produce chocolate en estas tierras, y durante mis días en esta ciudad su fruto se convirtió en una imagen difícil de eludir. Desde un museo dedicado al cacao hasta los jóvenes que ofrecen esa fruta amarilla en las esquinas de la plaza principal, todo Ilhéus parece aún inmerso en ese pasado, como si en la importancia de esas plantaciones estuviera toda la historia -y quizás el futuro- de esta urbe.

A cada paso que doy por el centro, tras cada tienda que habla de chocolates y personajes literarios, Ilhéus se me aparece como una especie de espectro de lo que solía ser, una voz fantasmagórica que repite entre sus calles el eco de sus antiguos hitos: el cacao y Jorge Amado.

Porque si en la ciudad uno se encuentra con frecuencia entre símbolos de esa plantación, la omnipresencia de Jorge Amado resulta algo aún más trascendental: en Ilhéus, la obra de Amado es una historia que, tras cada pasaje, sigue viva.

Fue cosa de suerte. Esta vista fue un regalo del azar. Mientras me apoyo en el marco de la ventana donde Jorge Amado solía observar las vidas de Ilhéus, Marina Massadar, graduada de Literatura y administradora de la Casa-Museo Jorge Amado, repasa la historia del autor. Sus padres eran ex hacendados, ex dueños de plantaciones de cacao, ex ricos, tratando de sobrevivir en Ilhéus.

Después de haber perdido las tierras de su finca Auricídia, el coronel João Amado de Farias, padre del escritor, debió asentarse en la ciudad para rehacer su vida. La decisión probó ser la correcta. Tras comprar un billete de lotería, el padre de Amado volvió a saber de riquezas y compró una casa en pleno centro de la ciudad, una casa que estaría entre las más bonitas de Ilhéus. Allí/aquí, Jorge Amado escribió El país del Carnaval.

“Desde esta ventana, Amado solía sentarse a escribir. Como su casa era una de las más altas de Ilhéus, tenía una vista privilegiada para examinar la ciudad, y para inspirarse con estas calles”, dice Marina, y yo me asomo a la ventana como para corroborar lo especial de la vista. Por acá se divisa la Catedral de San Sebastián, el comercio de las principales calles de Ilhéus, y en la esquina más cercana un moreno corre a pies descalzos hasta desaparecer tras las últimas luces del atardecer.

El resto de esta casa-museo mezcla habitaciones prácticamente vacías con pequeñas joyas literarias: una gran colección de libros del autor publicados en diversos idiomas (sus obras han sido traducidas a 49 lenguas), además de la máquina de escribir que él solía usar durante el tiempo que vivió aquí. Fotografías, cuadros, interpretaciones de artistas locales, replican la figura de Amado con sus clásicas camisas guayaberas en formatos que van desde esculturas hasta diminutos adornos a lo largo de la vivienda.

Por las ventanas de esta casa no se alcanza a ver, pero a un par de cuadras de aquí está uno de los rincones que mejor conserva el mundo creado por este escritor. Llego hasta el Bar Vesúvio, para sentarme junto a Amado. Sus manos están frías y su remera tropical parece nueva. Amado mira hacia la costa de Ilhéus como si estuviera a punto de escribir su mejor obra: pensativo, con una mano en el rostro y otro en una libreta, alguien podría asumir que Amado está creando a los nuevos protagonistas de su próxima historia bahiana. Bueno, se trata sólo de una réplica del autor hecha a escala real, que ubica al brasileño sentado en la terraza de este bar, a la espera de que alguien lo acompañe con unas cervezas. Quién es uno para negarse. El Bar Vesúvio es un homenaje a la obra de Gabriela, clavo y canela. Pido una cerveza, con la figura del autor mirándome de frente. Eduardo da Silva, el barman de Vesúvio, me cuenta que este lugar fue inaugurado en 1920 por dos italianos (de ahí su nombre en alusión al volcán que arrasó Pompeya), y que después cambió de propietarios a una pareja que sería famosa: el lugar fue comprado por un libanés, y su mujer -bahiana- estaba a cargo de la cocina. Ahí fue cuando Jorge Amado se inspiró para crear a la pareja protagonista de Gabriela…

El bar estuvo cerrado, pero se volvió a abrir en 2000 para replicar el lugar que Amado describió en su célebre obra. Todos los martes acá hay representaciones teatrales inspiradas en los personajes de Gabriela… y en la carta del bar veo preparaciones que con alarde anuncian un auténtico kebab con sabor a Gabriela. Y Gabriela sabe a mar.

Hoy, en el Vesúvio, además de probar los clásicos de la cocina árabe, uno puede estar sentado en la terraza del bar, siempre acompañado por la figura de Amado, cuando una banda de bossa nova empieza a entonar los primeros acordes de la noche. Desde el Bar Vesúvio, por algunos segundos alguien podría confundir la ficción con la realidad. Casi frente a la playa y a una diminuta plaza parecerían oírse las voces del turco Nacib y su pasión por la mulata Gabriela.

Estas calles estaban llenas. Estas calles nunca olvidaron. El amorío de Ilhéus con su autor más conocido no fue algo que reviviera -como suele ocurrir en la memoria humana- tras la muerte del escritor en 2001. Aquí se lo celebró siempre. Se lo mencionó siempre. Para 2012, cuando se festejaron los cien años de su natalicio, ese recuerdo fue aún más potente, con varias actividades que se apoderaron de la usualmente tranquila Ilhéus para llenarla con la vitalidad de una especie de carnaval para Jorge Amado.

RECUERDOS DE BURDEL

 

Esa sensación de fiesta, de raíces africanas que se hacen fuertes en Bahía y que se enfrentaban en las historias de Amado con la hipocresía y el deseo de los hacendados, tiene una réplica exacta en el burdel Bataclan.

Lo que hoy es un centro cultural, en la época de Amado fue un ex cabaret y casino frecuentado por los coroneles del cacao, y que para el escritor significó una inspiración literaria. De frente a la playa, entro a Bataclan atraída por la música que se cuela desde sus ventanales. Una luz rojiza tiñe las paredes y, pasada la barra y el restaurante, en el salón principal unas veinte personas mueven sus caderas al ritmo de distintos bailes brasileños, entre samba y forró.

Me inscribo en la clase y participo no sin -extrema- torpeza de las instrucciones que Cassandra Alves intenta que sigamos. Bailamos por media hora, pero, por supuesto, estamos lejos de ser el plato de fondo de la jornada. Cuando terminamos nuestra rutina, Cassandra explica lo que veremos a continuación: tal como en el Ilhéus de antaño, el escenario principal de Bataclan revive junto a actores que interpretan la vida al interior de este cabaret, acercándose al público, en una especie de teatro interactivo. El show dura una hora y la gente aprovecha para comer mientras observa a estos personajes prostibularios.

Dejo atrás el salón principal para conocer cada habitación de Bataclan. Esta casona alcanzó su punto máximo de vida entre 1926 y 1938, frecuentada por los bohemios, por los hacendados, por mafiosos, marineros e intelectuales. Las piezas del burdel ahora son usadas para otro tipo de exhibiciones, con cuartos donde se presentan fotografías del Ilhéus antiguo, de ese Ilhéus que en Ilhéus se niegan a olvidar. En el patio trasero del cabaret, un puesto de madera simula vender cacao. No hay nadie que atienda. La fruta tampoco es real. Toco plástico. Este teatro ya va a cerrar.

Afuera, Ilhéus parecería seguir hipnotizada por los bailes de Gabriela.

 

La Ruta de los Poetas

LA RUTA DE LOS POETAS

Mireya Keller

Estamos terminando 2014 y aun resuenan los ecos de nuestro viaje “literario” a Chile: primero la presentación de mi última novela “Mujeres del mundo” en Viña del Mar, y luego en Santiago las Jornadas Trinacionales de Microficción, “Borrando fronteras”, en las que además de leer, presentamos nuestro libro conjunto, “Subirse al micro”. Pero además de lo personal, aprovechamos cada minuto para recorrer las huellas, casi siempre  “salinas”,  de los poetas de Chile. En vez de hacer la tradicional “Ruta del vino”, (muy recomendable, por cierto) hicimos una especie de “Ruta de los poetas”. Esa tierra angostita que es mi país, apretado entre el mar y la cordillera, dicen que quizás tenga la geografía propicia para los versos. Verdad o no,  lo cierto es que recorrimos extasiadas esos lugares que fueron tan inspiradores para  los poetas. Comenzamos con el  paisaje fuerte y bello de Isla Negra, donde la casa de Neruda, hoy Museo, domina el pequeño poblado y mira desde todos sus costados a ese mar bravío que azota con fuerza el reguero de rocas y deja una estela azul-verde-blanca que se desliza sobre la playa hasta casi los pies de las tumbas de Pablo y Matilde, ese amor que traspasó la muerte.  Seguimos por Cartagena, una playa popular y antigua, y subiendo cerros y pequeños senderos llegamos a la casa y la tumba de Vicente García Huidobro, el poeta que revolucionó la poesía tradicional y que vivió entre los mejores de su época en Europa. Lugar extraño y aun hoy solitario, elegido por él mismo, para su descanso final. A lo lejos, entre múltiples cerros y quebradas, se divisa, por supuesto, el mar. Después seguimos a Valparaíso, imperdible, y la casita de Neruda colgando de los cerros, mirando el puerto, casi adentrándose entre las olas. Visitamos también la plaza de los poetas. Ahí  están Huidobro, Neruda y Gabriela Mistral. La insondable Gabriela. Hija de montañas y valles, adoradora de éstos pero también del mar, una presencia permanente e insoslayable a lo largo de Chile. Gabriela, que fue adentrándose en mi novela hasta transformarse en una de las protagonistas de “Mujeres del mundo”, fue la primera ganadora de los Juegos Florales de Viña del mar, joven e incipiente poeta en ese entonces.  La conmemoración de los 100 años de esos Juegos y la magnífica exposición con las fotos de su vida y obra, le dio un marco especial  a la presentación del libro. Y siguiendo nuestra ruta de poetas, llegamos a otra celebración, esta vez en Santiago: los 100 años de vida de Nicanor Parra, el antipoeta. Una muestra fotográfica que, si creemos en el destino, se presentaba  justamente en el Centro Cultural Gabriela Mistral. Ahí  completamos nuestro camino. ¡Todos poetas! ¡Todos diferentes! ¡Todos reconocidos por el mundo! ¡Y siempre el mar!

Para cerrar este año movido, aquí van nuestras fotos en esos diversos lugares y unos versos de cada uno de nuestros poetas visitados para celebrar una vez más la palabra, la literatura, ese amor que compartimos con ustedes. ¡Y que el año 2015 sea benévolo y traiga para todos nuevas y buenas sorpresas!

PABLO NERUDA

Oda a la esperanza

Crepúsculo marino, en medio de mi vida, las olas como uvas, la soledad del cielo, me llenas y desbordas, todo el mar, todo el cielo, movimiento y espacio, los batallones blancos de la espuma, la tierra anaranjada, la cintura incendiada del sol en agonía, tantos dones y dones, aves que acuden a sus sueños, y el mar, el mar, aroma suspendido, coro de sal sonora, mientras tanto, nosotros, los hombres, junto al agua, luchando

y esperando junto al mar, esperando. Las olas dicen a la costa firme: «Todo será cumplido»

 

GABRIELA MISTRAL

 

Balada Él pasó con otra; yo le vi pasar. Siempre dulce el viento  y el camino en paz. ¡Y estos ojos míseros le vieron pasar! El va amando a otra  por la tierra en flor. Ha abierto el espino; pasa una canción. ¡Y él va amando a otra por la tierra en flor! El besó a la otra a orillas del mar; resbaló en las olas la luna de azahar. ¡Y no untó mi sangre la extensión del mar! El irá con otra por la eternidad.  Habrá cielos dulces. (Dios quiere callar.) ¡Y él irá con otra por la eternidad!

 

 

NICANOR PARRA

 

Último brindis

Lo queramos o no Sólo tenemos tres alternativas: El ayer, el presente y el mañana.

Y ni siquiera tres Porque como dice el filósofo El ayer es ayer Nos pertenece sólo en el recuerdo: A la rosa que ya se deshojó No se le puede sacar otro pétalo.

Las cartas por jugar Son solamente dos: El presente y el día de mañana.

Y ni siquiera dos Porque es un hecho bien establecido Que el presente no existe Sino en la medida en que se hace pasado Y ya pasó… Como la juventud.

En resumidas cuentas Sólo nos va quedando el mañana: Yo levanto mi copa Por ese día que no llega nunca Pero que es lo único De lo que realmente disponemos.

VICENTE GARCÍA HUIDOBRO

De Altazor, Canto V

Si el paisaje se hiciera paloma Antes de la noche se lo comería el mar Pero el mar está preparando un naufragio Y tiene sus pensamientos por otros lados 100
Navío navío Tienes la vida corta de un abanico Aquí nos reímos de todo eso Aquí en el lejos lejos

La montaña embrujada por un ruiseñor

105
Sigue la miel del oso envenenado Pobre oso de piel de oso envenenado por la noche     ( boreal Huye que huye de la muerte De la muerte sentada al borde del mar

 

 

Presentación de novela de Mireya Keller clausuró Juegos Florales y Poéticos 2014

COMUNICADO DE PRENSA

Presentación de novela de Mireya Keller clausuró Juegos Florales y Poéticos 2014

Gran cantidad de público asistió anoche a la presentación del libro “Mujeres del mundo” de la escritora chilena Mireya Keller en la Sala Viña del Mar, actividad que marcó la clausura del exitoso programa desarrollado en el marco de los Juegos Florales y Poéticos 2014.

En la ocasión, la autora entregó detalles de su reciente publicación acompañada por el presidente de la Corporación Cultural de Viña del Mar, Luis Bork; el gerente de la misma institución, Jorge Salomó; el académico de la U.V.M., Manuel Jofré; y la co-directora de Editorial Piso 12 de Argentina, Zulma Fraga.

“Es un honor que esta presentación del libro de Mireya Keller sea la primera en Chile y ponga el broche de oro a los exitosos Juegos Florales y Poéticos 2014 organizados en un gran trabajo en conjunto de la Corporación Cultural de Viña del Mar con el Senado de la República, la Universidad Viña del Mar y el Municipio, lo que nos ha permitido desarrollar un gran Concurso Nacional de Poesía, la exposición en homenaje a Gabriela Mistral, conciertos, conferencias y presentaciones de libros”, destacó Luis Bork.

Posteriormente la escritora Zulma Fraga y el académico Manuel Jofré realizaron un detallado análisis de la novela “Mujeres del mundo”, revisando su estilo narrativo y las voces de los variados personajes, que recorren 70 años de la historia de Chile en una trama en la que mujeres de distintas generaciones articulan su posición en una familia inusual, y un relato que tiene como centro la figura de Gabriela Mistral, y también destaca a la ciudad de Viña del Mar como parte importante del paisaje marítimo y cultural.

Por su parte, Mireya Keller, enfatizó el especial significado del lanzamiento “porque el primer libro que edité fue en Chile en 1987 y luego me fui al extranjero y no regresé a vivir en mi país, y ahora vuelvo para presentar mi reciente novela que me llevó mucho tiempo en su gestación, porque me motivó la figura de Gabriela Mistral, que redescubrí como una poeta magnífica, pero además, con una vida dedicada a una lucha por la mujer. Esto hizo que pensara en una novela de ficción en la que incluí el personaje de Victoria Ocampo que era muy amiga de ella y fueron capaces de tener una amistad maravillosa que me permitió escribir a través de ellas”.

Posteriormente, la autora se dedicó a autografiar su libro para el numeroso público que asistió a esta ceremonia efectuado en la Sala Viña del Mar, ubicada en calle Arlegui 683.

¡Volviendo de Chile!

De vuelta y con muchas novedades. Vamos a ir de a poco para no atosigar.

El primer evento fue la presentación de la novela de Mireya Keller, Mujeres del mundo, en la Secretaría de Cultura de Viña del Mar. Tapa Mujeres del mundo

Como esta novela ficcional se entremezcla con las vidas de Gabriela Mistral y Victoria Ocampo, fue declarada de interés cultural  por la Fundación Victoria Ocampo de Argentina y por el Centro de Extensión del Senado de Chile.

A raíz de la conmemoración de los 100 años de los Juegos Florales realizados en Viña del Mar, Chile, ganado por Gabriela Mistral, se realizaron distintos eventos durante dos meses, auspiciados por El Centro de Extensión del Senado, La Municipalidad de Viña del Mar, La Universidad y la Corporación Cultural de Viña del Mar. Dentro de este marco y como cierre de esta celebración se presentó por primera vez la novela Mujeres del mundo.

En Producción literaria, Artículos, encontrarán el texto completo del comunicado de prensa:

Presentación de novela de Mireya Keller clausuró Juegos Florales y Poéticos 2014

Pres.Mujeres del mundo2

 

María Cristina Chiama sobre “cuerpos en tránsito”

Zulma Fraga: escritura y cuerpos transitando una pesadilla

Esta lectura no pretende agotar todos los posibles recorridos que pueden emprenderse en torno a cuerpos en tránsito [1] de  Zulma Fraga[2] . Se trata de mi primer acercamiento a este poemario sorprendente.

He seleccionado este libro dentro de la obra poética publicada por su autora por el carácter testimonial que lo impregna. El contexto político/social, de la primera década del siglo XXI,  el de plena era de la globalización y de la consolidación de los discursos neoliberales, registra una mayor intolerancia hacia las diferencias culturales, religiosas, de género y étnicas, donde la exclusión y marginalidad abarcan a mayores sectores de la sociedad. La expresión de la subjetividad es cada vez más negada y todo parece despersonalizarse individual y colectivamente. El reto está planteado. Es necesario dar respuesta a los silencios, examinar los discursos sobre el matrimonio, la maternidad, el cuerpo femenino, el espacio íntimo y el espacio público, en la construcción de una subjetividad enfrentada a nuevas formas de relación social. Urge estimular una conciencia de la otredad para afirmar  nuestra identidad como mujeres.

Los poemas mutilados de cuerpos en tránsito dan testimonio de la fractura personal y social desde un discurso a su vez fracturado por la irrupción de asociaciones semánticas inusitadas, plasmadas en una sintaxis gramatical cuyas leyes han sido suspendidas temporariamente, en favor de que la experiencia del dolor en los cuerpos, fluya como un fluir de la conciencia.

31

es jueves

(6 de abril a la noche)

el sábado

debería

ponerme un revólver

y disparar

no puedo con

(el dolor/la

soledad)

ni siquiera tengo

revólver

Una tapa y  33 poemas para dar cuenta de la pesadilla

Un yo lírico transita por un mundo fantasmal que nos trae reminiscencias del ambiente de Comala en Pedro Páramo de Juan Rulfo pero, en este caso los cuerpos que deberían estar en la tumba nos hablan desde una poesía fragmentada y fragmentaria.

Ya desde el paratexto tapa[3] el libro anuncia esta característica: dar la parte por el todo, la metonimia de lo que circula por la subjetividad femenina, el cuerpo femenino en partes, vejado, malherido. La tapa juega a modo de tejido previo al definitivo de la obra y en una suerte de metonimia que va a unificar todo el corpus: la reconstrucción del rompecabezas en que se ha convertido el cuerpo femenino.

La dedicatoria de la autora nos ancla en una pérdida dolorosa: el hermano Rinaldo, “el primero de nosotros en otro tránsito”. Entonces tapa y dedicatoria nos resuelven en un mundo fantasmal, de muerte ¿de cuerpos en tránsito? Pero yo lectora ¿cómo lo hago, cómo transito este poemario recibido por correo postal, que no se vende en el mercado pero he sido elegida para recibirlo? Algo debo arbitrar para leerlo con el “menor dolor posible” me animaría a decir yo desde el lugar de la lectura.

El cuerpo femenino está herido y transita por sus muertos. Leo en 24:

andan / mis muertos

ellos

los queridos

de espaldas por el mundo

La muerte como tránsito, el hermano mayor del ¿yo lírico?/Zulma Fraga (Roland Barthes iluminó a mi generación pero eso de la muerte del autor, no me cuaja demasiado) que ha dedicado el poemario a Rinaldo, le escribe el último poema. Pienso de pronto: y leo el último poema, el 33.

“ese que va a morirse

es el hermano mayor

anda por ahí

la única hermana

adulta

 

tan niñita

Y el cuerpo no es adulta ni niña ante la muerte que lo vulnera ventajosamente con todas la cartas en la mano. En este último paso se cierra el poemario con el 33 que no nos deja sin aliento pero con cicatrices en el texto 20.

se cortó el pelo al ras

con las tijeras del jardín

afeitado el cuerpo entero

era toda piel suavísima

 

y

cicatrices

Transcurrir es acicalarse y diezmarse para no dejar rastros femeninos. Y esos rastros son cicatrices. Que hablan de

“cierra una puerta

a sus espaldas

y una mujer llora

creo seguirá

¿cerrando?

él tantas puertas”

en el texto 22.

Con solo decir cicatrices, se dispara la mirada al alma y el cuerpo. Pero no, en cuerpos en tránsito no existe la tradicional separación entre cuerpo y alma, carne y espíritu. Es mucho más fuerte el devenir de cuerpos enteros con el portazo en la cara. Mucho más rotundo el desmoronamiento en el texto 23:

la niña cuya vida

se desmorona

espera ser algún día

igual al perro

Y cuánta mordedura en los cuerpos, no sólo el portazo, ahora la vida ¿Qué hay detrás de la niña? Un abanico de posibilidades: golpes, humillaciones, violación, hambre, analfabetismo, mordedura del aire caliente en el poema.

Huyo al poema 26

esta madre

pero con ese padre

 

¿me obliga?

 

todo el tiempo

a la disculpa

 

hay como una

vergüenza

que se chorrea y

¿me ensucia?

El “esta” se diferencia de “ese”. El  primero es cercano. El segundo aleja. Pero no la vergüenza. Y reaparece siempre la dura escisión en el cuerpo (y en el alma) ¿Qué se ensucia? ¿Su conciencia, el alma? No, es indudable que esta otra niña ve su vida desmoronarse como tantas. Y para cubrir mi vergüenza, en el  texto 28 leo.

por un rato fue

flor

sobre el pavimento

los ojos en el cielo

de la mañana radiante

de febrero

con su pelo naranja

y la blusa turquesa

 

después

la cubrieron

con una bolsa negra

|La contraposición casi aniñada del yo lírico, casi esperada entre términos como flor, colores naranja y turquesa y la temible bolsa negra, descoloca la lectura que parecía reparadora a pesar del “por un rato”. Ese respiro es apenas perceptible en esta necesidad de aire. Me doy casi por vencida ante tanta abuso del sentido de la realidad. Y leo otros golpes en las sombras de este poemario tan único. Me disparan con:

hay tanto miedo

 

espero

con un cuchillo al alcance

en el texto 6; me corro para atrás, para el 4

¿soy la asesina?

con el hacha

con esta enorme cuchilla

afiladísima?

 

Y retrocedo ¿Este ir y venir responde a alguna lógica? no creo, esto es ejercer puro calidoscopio. Y me topo con que en 2

he dejado a

mi muerto

envuelto en una alfombra

¿Puede sospecharse que los poemas sean exacerbación de misandría? Veamos. Si continúo mi  tránsito, en los textos fluyen imágenes contrapuestas:

los hombres que hoy

tendrían que estarnos

amando

yacen dinamitados

en el fondo del río

 

hemos elegido tan

mal

hermanita

en el texto 7.

No, no hay tal cosa. Ese “hermanita”, diminutivo que convoca a la confidencia dice que los que no están- en concreta alusión a la represión del Terrorismo de Estado- son los que nos hubiesen amado. La lucha por la justicia social fracasó, de ahí la tragedia del cuerpo femenino en manos de la dictadura del mercado del neoliberalismo triunfador. Por muchas razones afirmo esto: la escritura de Zulma Fraga y su vida se hallan profundamente vinculadas con la lucha por los derechos humanos, por guarecer la memoria de imperdonables olvidos y generar acciones de justicia en contra del maltrato de cualquier índole y en este caso, el de cuerpos en tránsito, se aborda como devenir aparentemente caótico para afirmar el maltrato instituido hacia lo femenino. Tan instituido está que hasta les desaparecieron a quienes deberían estar amándolas. Hay ironía en ese hemos elegido tan mal: el yo lírico sabe que eligieron lo mejor y lo resguarda con esta luz de precaución:

la edad madura inspector

es peligrosa para los cristianos

esta es mi casa y mis plantas

ves

qué bonitas están

 

la guerra ha terminado

y no hay por qué

estar ebrio

todo el día

El cuerpo femenino está herido. Transita dolorido, desgajado. Por ello deslumbra el poema 32 que tan ajustadito dice sobre la violencia de género tan cotidiana en nuestro entorno[4]

ella terminó

colgada de un gancho

 

(hoy va a esparcirse mucha basura)

 

¿qué importa una prostituta  muerta?

¿una mujer en un aborto?

¿una mujer promiscua?

 

qué importa una mujer muerta

 

ni siquiera tenía quién

la enterrara

 

bridemos por ella

No es inarmonía caprichosa lo que signa el programa impertinente de cuerpos en tránsito; un contexto de pesadilla nutre a un yo que defiende y rescata su identidad, para así rescatar con otros/as, en su historia, en los afectos un universo menos violento y peligroso. Para ello Zulma Fraga, la autora, utiliza la fuerte ironía del brindemos por ella final del poema 32 y así desacraliza descaradamente una moral social cuajada de la hipocresía del “por algo será”. En todo el poemario se suspenden reglas normativa del código lingüístico (uso de mayúsculas y signos de puntuación respetando la normativa vigente) Una sintaxis mutilada produce un discurso inconcluso pero elocuente, plagado de expresiones que juegan al espejo con las cicatrices que sufre el yo lírico en un estado de discriminación y violencia. El uso directo del lenguaje se  subvierte en imágenes desintegradoras para  dejar testimonio de desconcierto ante la quiebra de los resortes solidarios en la vida cotidiana, en la propia vivienda donde pareciera que solo se  convive y duerme con el enemigo que revierte el rito del llanto ante la muerte por el de un brindis: brindemos por ella.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

Barthes, Roland. (1987) “La muerte de un autor”. El susurro del lenguaje. Barcelona. Paidós

Castellanos, Rosario, (2005) Sobre cultura femenina. México. Fondo de Cultura Económica

Cixous, Hélène. (1995) La risa de Medusa: Ensayos sobre la escritura. Editorial Anthropos

Foucault, Michel (1999) ¿Qué es un autor? Entre filosofía y literatura. Obras esenciales I. Barcelona. Paidós

Fraga, Zulma. (2012) cuerpos en tránsito. Bs.As. Piso 12ediciones

Ludmer, Josefina, (1996) Mujeres que matan. En Revista iberoamericana, ISSN 0034-9631, Nº. 176-177, 1996 (Ejemplar dedicado a: Crítica cultural y teoría literaria latinoamericanas), págs. 781-797

 

[1]  Zulma Fraga, cuerpos en tránsito, Piso 12ediciones, 2012. Bs. As.

2 Zulma Fraga nació en Realicó, La Pampa, pero vive y trabaja en Buenos Aires, Argentina. Publicó Relatos del Piso 12, cuentos; Marginales, relatos breves; el músico y Angelita, novela; cuerpos en tránsito, poesía; Subirse al micro, microrrelatos. Ha sido incluida en diferentes publicaciones del país y el extranjero y en las Antología Relatos para Sallent, Sallent de Gállego, España. Grageas. Antología de 100 cuentos breves de todo el mundo, Buenos Aires, Argentina. Cielo de Relámpagos, antología de microficciones de autores latinoamericanos, Neuquén, Argentina. V y VI Encuentro Nacional de Narrativa, Bialet Massé, Córdoba, Argentina, 2009 y 2010, ¡Basta!, cien mujeres contra la violencia de género. Ha participado en distintas actividades multimedia con poesía y narrativa y ha recibido premios por su obra en el país y el extranjero. Condujo desde 1996 hasta 2007 el programa radial Contextos y es codirectora de Editorial Piso12. En ibuk.com.ar/f_fraga_cuerpos_en_transito.html[2]

[3]  En tapa: Johan Heinrich Füsslí, La pesadilla (fragmento). Diseño de tapa e interior: Schavelzon/Ludueña. El pintor hizo varias versiones sobre el tema, siendo la más famosa la de 1781, perteneciente al Institute of Arts de Detroit. Es una de las obras más emblemáticas de este pintor, que refleja además los temas preferidos a lo largo de su obra: satanismo, horror, miedo, soledad, erotismo. Füsslí recrea en esta obra un mundo nocturno y teatral, con fuertes contrastes lumínicos, que inspirará toda la imaginería satánica del siglo XIX. Su título en alemán, Nachtmahr, era el nombre del caballo de Mefistófeles.

[4]“…En 2013, en la Argentina, 295 mujeres y niñas fueron asesinadas por el hecho de ser mujeres, de acuerdo con el registro que lleva adelante el Observatorio de Femicidios en la Argentina de la Casa del Encuentro. La cifra fue un 15 por ciento mayor que el año 2012. En el 63 por ciento de los casos, los femicidios fueron perpetrados por el esposo, el novio, un amante o la ex pareja de la víctima.” Mariana Carabajal en Página 12, 2 de marzo de 2014.

 

 

 

 

 

Sobre “Celebración de la sangre”

“Esas mujeres silenciosas de menstruación reciente e hijos creciendo en la panza, campesinas sacudidas por el viento de agosto, perdida la mirada en una tierra inentendible y extendida vaya a saberse hasta dónde, yendo y viniendo todo el día a merced de un marido que poco entendería de mujeres o que las creería aun más fuertes de lo que eran, ¿llorarían sobre el aljibe, apretando el rosario escondido entre el delantal y la pollera? Se dice que a veces en la llanura desmesurada, en los andenes abandonados de estaciones como La Cautiva, pueden oírse sus sollozos: han recibido una carta del Caraglio, les avisan que la mamma se murió sin conocer a todos estos nietos, de la tuberculosis de algún sobrino, que algún ejército pasó por las continuas guerras y fusilaron a Nicoletto por rebelde. Mujeres vestidas con prendas amplias y oscuras, para que no se notaran las formas y tampoco las manchas. Mujeres de a caballo, en misa con mantilla negra los domingos, mujeres cuya lectura, si habían aprendido a leer, era su misal, sus oraciones por los que habían quedado allá a merced de los ejércitos que van y vienen como los odios.”
Celebración de la sangre, de María Cristina Chiama. Una novela intensa. La historia de Clara, atravesada por la de otras mujeres, la Malinche, Micaela Guyunusa, una charrúa llevada a París para ser mostrada como curiosidad, la sus amigas, la de las inmigrantes, las desaparecidas, que incluye de un modo bastante explícito a Marita Verón. Todas unidas a través de la sangre: la del parto, la menstruación (y su ausencia), la de la violación, la tortura, la muerte. Y la vida. Que desarrolla, con una escritura impecable, la historia dolorosa de la patria. Mujer también.
Zulma Fraga

Hablar de Juan

Se murió Juan. A él le tocó gelmanear, que, sabemos, no fue poca cosa. Atravesar su historia y la del país, que nunca es fácil, con compromiso militante, reflexionar sobre él, autocriticarse, intentar corregir, perder por desaparición y asesinato un hijo y una nuera, irse al exilio, buscar sin claudicaciones a su nieta. Y encontrarla. Y por encima, por debajo, detrás y delante, envolviendo y dándole sentido a todo eso, ser el inmenso poeta que fue, para mí, el mejor de su generación.
No fui su amiga, no se me dio la chance de conocerlo. Pero tendré como propia la anécdota que contaba mi gran amigo, el poeta Hugo Ditaranto, que hizo con Gelman el servicio militar. Cómo se conocieron, escapando de la fajina para leer, o pensar. No puedo contarla porque la supe hace tanto años que no la recuerdo bien, y ya no está el tano para volver a contarla. Pero no podría, tampoco, porque eso le pertenece a Hugo, a su modo incomparable de narrar, a su invención y gracejo.
Por eso, desde el inicio, Gelman estará indisolublemente unido, para mí, a Ditaranto. Y algo más, “Madrugada”, poemas de Juan con música de Cedrón, un disco de 33, edición La Rosa Blindada, que escuché siempre con emoción renovada y que me acostumbró de modo indeleble a la voz de Gelman, a su manera no ortodoxa de leer, la única posible para sus poemas. Perdí ese disco que estaba en manos de un director de cine que debió esconderse con urgencia en las épocas del onganiato. Pude recuperar después todo eso en un CD.
He leído sus libros. Fui a escucharlo leer cuantas veces pude. Lo despido aquí. Con sus palabras.
A él le tocó gelmanear. A mí: “en madrugada en pleno su esplendor……../quién sino yo con papelitos lujosas descripciones hechas para callar…”´
Zulma Fraga

El dinero y las palabras

Alicia Dujovne Ortiz

En una entrevista concedida hace unos meses a un diario argentino, Jorge Herralde, el director de la prestigiosa editorial Anagrama, explicó los motivos por los que se vio obligado a aceptar la venta de esa casa española al grupo Feltrinelli, de Milán. “He bregado a lo largo de veinte años para evitar que una editorial como la mía perdiera su independiencia -dijo (cito de memoria)-, y estoy orgulloso de haber resistido durante tanto tiempo. Pero 2010 marca una frontera: a partir de ese año ya no hubo nada que hacer. La batalla estaba perdida de antemano. Al menos tengo el consuelo de haber entrado en un grupo dirigido por Inge Feltrinelli, que es una amiga y una verdadera editora.” ¿De qué frontera se trata y qué sucedió en 2010 para que todo pataleo se tornara imposible? Y si los otros interesados en comprar Anagrama no eran verdaderos editores, ¿entonces qué eran? En principio, el proceso del que habla Herralde no es nada nuevo: muchas editoriales francesas, a las que conozco de cerca, han pasado a formar parte de grandes grupos, supuestamente sin perder su identidad, aunque cabe sospechar que no en todos los casos se habrá tratado de transacciones amistosas como la de Herralde con Feltrinelli. La venta de Grasset, sin ir más lejos, data de los años noventa, que en ningún sitio del mundo fueron gloriosos. Jean-Claude Fasquelle, su director y propietario por herencia y tradición familiar (la editorial se llamaba en una época Grasset-Fasquelle), le cedió sus acciones al grupo Hachette, poco antes de 2000. En ese momento y aun sin conocer los entretelones, los cambios que experimentó mi propia relación con esa editorial me bastaron para advertir que estábamos llegando a una terra incognita . Fasquelle se había comportado siempre como un gran señor, vale decir, como alguien que no estudia las cuentas al dedillo, o que si las estudia lo disimula. Es cierto que los dinámicos ejecutivos enviados por Hachette para reemplazarlo conservaron, mientras pudieron, un barniz de señorío, pero la atmósfera varió de manera tan vertiginosa como brutal: de la noche a la mañana los ejecutivos mostraron los colmillos, los contadores y empleados del sector comercial se volvieron todopoderosos y la cruda desnudez de las cifras entró a reinar. Todo habría quedado, para mí, en el terreno de las intuiciones confusas, si la lectura de la entrevista a Herralde, primero, y de L’argent et les mots de André Schiffrin -un librito de fundamental importancia publicado por la pequeña editorial La Fabrique, ésta sí completamente libre-, después, no me hubieran alertado sobre una situación muy concreta que ningún escritor y ningún lector deberían ignorar. Una situación que, por supuesto, también existe en la Argentina, y cómo, pero que, siguiendo a Schiffrin, me limitaré a exponer en relación con el país donde vivo y con los ejemplos sobre todo franceses y estadounidenses que maneja este autor. Digamos solamente que el espectro editorial argentino se ha dividido, como el de cualquier otro sitio del mundo, en dos -los peces gordos por un lado y los chicos por otro-, y que mientras los primeros responden a grupos internacionales, los segundos resisten. Schiffrin es un editor francés instalado en Estados Unidos, hijo del creador de La Pléiade, la célebre colección de Gallimard que reúne a los grandes autores universales: estar en La Pléiade significa ser inmortal. Antes de ahora Schiffrin publicó dos libros que daban la voz de alerta, L’édition sans éditeurs y Le contr ô le de la parole , pero el espeluznante panorama que pintaba sobre el estado de la edición mundial impresionaba, en Francia, menos. “Eso pasa en el mundo anglosajón -escribían los críticos de este país-. A nosotros no nos puede pasar porque la excepción cultural francesa nos protege.” L’argent et les mots echa por tierra aquellas ilusiones. En efecto, diez años después del primer libro citado, Schiffrin también menciona esa fatídica frontera de 2010. No sólo la situación ha empeorado en su conjunto y en todas partes, sino que tampoco Francia ha logrado salvarse. El poder de los dos grandes grupos, el arriba mencionado Hachette y el grupo Vivendi, no ha sido equilibrado por ningún otro del mismo peso. En Le contrôle de la parole , este viejo, tozudo y experimentado luchador cultural describía “las primeras etapas de la caída del viejo edificio”. Todo empezó en 1998, cuando la compañía Générale des Eaux tomó el nombre de Vivendi para convertirse en “un gran grupo de comunicación y entretenimientos lanzado al juego de la globalización”. Jueguito peligroso que hizo desmoronar el sistema. Como sucede con estas operaciones de naturaleza inasible llamadas financieras, de las que los ingenuos entendemos tan poco, pero cuyas consecuencias sufrimos, el crecimiento fue rápido y el derrumbe también. Cuando el ejecutivo de Vivendi, Jean-Marie Messier, se entusiasmó comprando, además de estudios de cine, una gran editorial de Boston, tuvo que vender todo a las apuradas y perdió millones. “Si Messier hubiera ordenado a sus editoriales que sólo publicaran poesía y novelas difíciles, no habría perdido ni una mínima parte de lo que se le fue de las manos”, ironiza Schiffrin, sin agregar “por comilón” pero dejando la palabra en el aire. La historia sigue. Vivendi poseía un tercio de la edición francesa, con editoriales como Plon, Laffont, Nathan, Bordas o Pocket. Estaban tristes y cariacontecidos cuando apareció el “caballero blanco”. Se trataba nada menos que del barón Ernest-Antoine Seillière, ejecutivo del grupo de inversiones Wendel, potentado como pocos y encima noble. Estupor general: ¿qué interés podían despertarle las editoriales a este financista conocido por sus ideas conservadoras y su escasa atracción por la cultura? “Yo no voy a vender Vivendi, a partir de ahora llamada Editis, hasta dentro de diez o quince años”, prometió el barón, adelantándose a lo que todos pensaban y nadie se animaba a decir: que la jugada se parecía como dos gotas de agua a las conocidas y misteriosas compras de empresas, a veces productivas y hasta exitosas, pero que dan más plata al venderlas que al conservarlas. Tres añitos después, Seillière anunció que le vendía Editis a la española Planeta. La transacción le reportó una ganancia del 300 por ciento. Hubo cierto griterío tricolor patriótico porque, en vez de hacer negocios con Hachette, el barón había preferido una editorial extranjera, pero lo más importante no fue dicho. “Seillière había puesto en evidencia que todavía se podía ganar plata con la edición, no publicando libros que valieran la pena, por supuesto, o que fueran éxitos comerciales, sino comprando y vendiendo las editoriales mismas. El ejemplo de Editis -agrega Schiffrin- revela el nivel de ganancia buscado por los grandes inversores. Mientras las editoriales comerciales se esfuerzan por demostrar que pueden producir un rendimiento del 10 por ciento anual, esas cifras son bolitas de colores para todos los Wendel de este mundo, capaces de alcanzar un 300 por ciento. En la crisis económica actual, para ganar realmente mucha plata ya no es posible conformarse con esa actividad trivial que consiste en fabricar algo real y venderlo. Los bancos y los especuladores han hecho ver que jugando con el dinero de los inversores, creando productos financieros de una extremada complejidad y vendiéndolos a compradores inconscientes, se amasan verdaderas fortunas.” ¿Qué es de la vida del escritor en medio de esta fiebre? Muy simple: hoy, la gran editorial estadounidense Random House, que pertenece a la aún más grandota Bertelsmann, lo piensa dos veces antes de publicar a autores que vendan menos de 60.000 ejemplares. Dejando de lado los valores seguros -hasta cierto punto: la última novela de Umberto Eco, publicada por Grasset, obtuvo ventas que a gatas alcanzaban un cuarto de lo previsto- y a los productores de best-sellers o literatura-basura, uno se pregunta qué escritores podrán publicar alguna página en un futuro próximo, si la exigencia es llegar a 60.000. “Por si esto fuera poco y por el mismo precio” -añadiremos, puesta la mente en los vendedores de peines y biromes, un oficio acaso destinado a los escritores lo bastante ágiles como para subirnos al colectivo a proponer libritos que entren “en la cartera de la dama y el bolsillo del caballero”-, por si esto fuera poco, pues, tampoco al lector con ganas de descubrir autores le quedan muchas librerías independientes, ésas donde uno entra a mirar, a pedir consejo, y donde el librero, que para vender lo escrito ha comenzado por leerlo, decide por su cuenta qué poner en la vidriera sin esperar que los editores le paguen por centímetro de estante. Schiffrin relata que el grupo Feltrinelli, el de la editora amiga de Herralde, dueño de cien librerías, ofrece generosamente exponer las obras de un autor en sus cien vidrieras por la módica suma de 10.000 euros y “por ser usted”. Pienso que si un editor modesto pero fervoroso tuviera esos 10.000, preferiría publicar otro libro antes que desembolsarlos para que los apresurados viandantes vean el color de una tapa repetida a lo largo y lo ancho de un escaparate. No podemos saber a ciencia cierta si los puñetazos en el ojo a que la publicidad nos somete despiertan el deseo o lo adormecen. Pero resolver en nuestro fuero interno que la vidriera monótona, insistente y remunerada es lo contrario de la libertad, y que la preservación del deseo pasa por la sobriedad, no por la desmesura, significa nada menos que elegir de qué lado estamos.

Fecha de vencimiento

¿Librerías independientes? En Estados Unidos, dice Schiffrin, las grandes cadenas las están destruyendo a paso redoblado, ese ritmo alocado y ansioso que preside todos estos enredos. Y sin embargo, ni siquiera el gigantismo les garantiza nada: por eso, para no perder su precioso tiempo, tanto la neoyorquina Barnes & Noble como su rival Borders se apresuran a desembarazarse de los libros “exigentes”, o sea, con pronóstico de venta inseguro, por no decir desastroso, y devuelven a los editores cantidades de ejemplares nunca vistas hasta hoy. (Aunque esas devoluciones hayan aumentado en forma catastrófica, tampoco esto es reciente: desde hace varios años, cuando algún lector extraviado en el laberinto me anuncia que se ha pateado la ciudad entera buscando en librerías uno de mis libros, pero que está agotado, suelo responderle con amarga sonrisa: “Qué va a estar agotado; lo que pasa es que los libreros devuelven lo que, dentro de cierto plazo cada vez más cortito, no se ha vendido. Es como si los libros fueran yogures. Tienen fecha de vencimiento. En el mejor de los casos se los considera podridos a los tres meses, en los medianos, al mes, y con los otros basta una semanita para mandarlos a la morgue, perdón, al depósito. Ni te molestes en encargarlo -aconsejo, acentuando el rictus- porque a la mayoría de los libreros le resulta más engorroso volverlos a pedir que decretar su desaparición”.) De las trescientas librerías que había en Nueva York después de la Segunda Guerra Mundial, relata Schiffrin, ahora, contando las cadenas gigantes, quedan treinta. En Inglaterra es igual: después de haber eliminado numerosas librerías independientes con el simple recurso de vender más barato, Waterstone fue comprada por W. H. Smith, una cadena de negocios de diarios y revistas que puede permitirse bajar todavía más los precios de los libros. Es por eso que en París, en los Champs-Élysées, un librero “resistente” llenó el frente de su librería con paneles de lado a lado donde figuraba la más drástica de las opciones: “vivir o morir”. Lo vi con estos ojos. Parecíamos estar en la Comuna del 48 o en Mayo del 68, pero era simplemente un hombre que amaba su oficio y que se negaba a entregarle el local a un negocio de modas, tal como sucedió hace unos años con esa librería maravillosa que fue Le Divan, en Saint-Germain des Près, ahora convertida en Dior. Salta a la vista la semejanza entre estos negocios y el papel representado en el conjunto de la sociedad por lo que podríamos llamar el nuevo dinero, el de las burbujas financieras que con tan lindos colores se disuelven en el aire, el que genera las crisis. En Las ilusiones perdidas , Balzac, que supo como nadie hablar de plata, describe una empresa basada en el modelo artesanal tradicional. Ahora ya no se trata de esa plata. Ni de esa empresa. Ahora, ya lo hemos visto, la ganancia no está en fabricar. ¿Pero para qué los banqueros, los especuladores, los financistas se interesan en el sector de la, digamos, cultura, donde resulta obvio que el beneficio es chaucha y palito en relación con los niveles a los que están acostumbrados? Porque, habrá que repetirlo hasta el hartazgo, para ellos no se trata de hacer, sino de poseer y revender. Es claro que como el que se compra una editorial está obligado a publicar, o a hacer de cuenta que publica, la tendencia consiste en producir libros con fuerte potencial comercial y eliminar los otros de cuajo. “He dicho alguna vez que al dejar de lado nuevos títulos sin gran esperanza de venta, estábamos pasando del infanticidio al aborto -se burla Schiffrin-, puesto que se desechan contratos a los que ya no se considera financieramente válidos. Hoy ya hemos llegado a los métodos anticonceptivos: se hace lo posible para que esos libros no entren de modo alguno en el proceso de producción.” Al analizar los catálogos de grandes editoriales en los últimos cincuenta años, como por ejemplo el de HarperCollins, que ahora pertenece a Rupert Murdoch, Schiffrin sigue la huella de una transformación que los torna irreconocibles. En los años cincuenta y sesenta, esos catálogos comerciales no se diferenciaban de los que corresponden a las mejores editoriales universitarias de hoy. En la actualidad, la palabra “literatura” está siendo reemplazada por “industria del entretenimiento”. De modo matemático, la publicación de esos libros coincide con la salida de una película o de una serie televisiva sobre algún tema afín. La tendencia también apunta a la centralización. Al amalgamar editoriales distintas, se puede, entre otras cosas, despedir a más y más empleados y agradecer a los sufridos editores por los servicios prestados, aunque hayan hecho buena letra poniendo en práctica lo que sus nuevos y generalmente invisibles patrones les habían exigido. Desde un punto de vista práctico, la amalgama se entiende. Desde un punto de vista moral, produce vértigo. El que dos editoriales como Doubleday y Pantheon, que antes eran el polo opuesto la una de la otra, aparezcan mencionadas dentro del grupo Knopf sin aludir a su nombre de pila le hace dar vueltas la cabeza al más pintado. Francia todavía guarda las apariencias en lo que atañe al nombre. La Martinière es un grupo editor de grueso calibre que antes sólo producía libracos turísticos con lindas fotos y papel brillante (confieso ruborizada que hace unos años, y por motivos meramente económicos, me he visto constreñida a pergeñar un enorme y ricamente ilustrado mamotreto sobre la Argentina, lleno de gauchos y de puestas de sol). Pero que La Martinière se haya comprado Seuil, acaso la más literaria de todas las editoriales francesas, la de Roland Barthes, la del grupo Tel Quel, la del exquisito barroco cubano Severo Sarduy, por mucho que le permita seguirse llamando como se llamaba, a mí, francamente, me deja muda. Ahora bien, si detrás de Seuil está La Martinière, ¿quiénes están detrás de La Martinière? Si los financistas que nos poseen no son editores, ¿qué son, fabricantes de embutidos? Idea balzaciana de tan antigua, me contestaría Schiffrin. En un reportaje filmado, este indignado de rostro impasible nos asegura que la plata de algunas editoriales francesas viene de aviones militares y de armamentos marca Dassault. Una palabrita con respecto a ese trío de grandes y prestigiosas editoriales al que malignamente se ha dado en llamar Galligraseuil, por Gallimard, Grasset y Seuil, famoso porque en cada temporada otoñal algún miembro del terceto arrambla con los premios literarios y deja a los demás rumiando su despecho. Pues bien, la única de las Tres Gracias que no se ha vendido a nadie es Gallimard. Debe de ser por eso que, cuando años atrás solía frecuentar esa casa editora con cierta asiduidad, Odile, la secretaria, me susurraba, mitad en serio y mitad en broma: “Pero Aliciá , no se ría tan fuerte, ¿no ve que esto es un templo?”. Se me ocurre que ahora me reiría despacito y con respeto, como temiendo que una destemplada carcajada sacuda los cimientos de una de las raras editoriales que han sabido permanecer libres. “¿Cuál es el porvenir de esos sectores en un mundo regido por la rentabilidad? -se pregunta Schiffrin-. ¿Podemos confiar en el sistema tradicional, el de la propiedad generadora de beneficios? ¿Existen soluciones alternativas, nuevos modelos?”. L’argent et les mots intenta ir más allá de una simple comprobación, para contestar a esas preguntas con lucidez pero sin pesimismo, en términos cuya originalidad está en esa bendita palabra que no me cansaré de repetir: sobriedad. En efecto, frente a la glotonería suicida de todo lo antedicho, las “soluciones alternativas” que sí propone, y que prefiere, tienen que ver con la moderación en el afán de lucro.

Cuestión de audacia

Una de ellas son las pequeñas editoriales independientes que se han multiplicado en el mundo entero; en Italia, Schiffrin ha contado varias decenas. Son las únicas con audacia suficiente como para arriesgarse a publicar textos no masticados ni digeridos de antemano. Ardua tarea: esas casas pequeñas se enfrentan al problema de las distribuidoras que les exigen un imposible rendimiento anual. Moraleja, la mayoría se las arregla a pulmón, y ya se sabe lo que puede el pulmón frente a una gran librería poco dispuesta a apilar sobre la mesa, bien a la vista, un ensayo poético, una traducción difícil, una primera novela de un autor raro. En Francia, las editoriales independientes producen un tercio de los 38.000 títulos publicados por año, pero el total de sus ventas sólo representa el uno por ciento. Lo mismo puede decirse de las editoriales universitarias en Estados Unidos. Por otra parte, esos pequeños editores son jóvenes, ardorosos, creen en lo que hacen y aceptan no ganar por su trabajo, ¿pero cuánto tiempo pueden sostenerse, en una sociedad que los impulsa a dejar de ser jóvenes y ardorosos y de creer en algo? Es cierto que la juventud de los unos es reemplazada por las de otros, y que siempre se puede confiar en lo que nunca ha fallado desde que el mundo es mundo: el traspaso de la antorcha. Schiffrin confía también, y mucho, en la ayuda oficial. En ese sentido, el CNL francés o Centre National du Livre es un magnífico ejemplo. Sin sus becas a escritores, traductores y editores, muchos libros no se habrían escrito ni habrían visto la luz. Por su parte, en Francia los centros regionales otorgan ayudas gracias a las cuales una pequeña editorial se puede mantener vendiendo apenas setecientos ejemplares, cosa nada inalcanzable aunque tampoco fácil (cuando Seuil se lanzó valientemente a la edición de las obras completas de un cuentista demasiado genial como el uruguayo Felisberto Hernández, vendió cuatrocientos). Esas ayudas han permitido la creación de 237 editoriales chicas fuera de París, que publican alrededor de 300 títulos. “No existe nada comparable ni en Estados Unidos ni en Gran Bretaña, a excepción de Escocia”, admite Schiffrin. Hasta las municipalidades de los pueblitos ponen el hombro, facilitando locales para fundar editoriales y organizando encuentros literarios: cada verano, toda Francia es un hervidero de coloquios y mesas redondas a los que asiste un público apasionado con ganas de leer. Llegar a una aldea entre vacas de una región como el Gers, más conocida por esos pobres gansos alimentados a la fuerza con los que se hace el foie gras que por su contribución a la cultura, y encontrarse en una exquisita librería subvencionada, colmada de gente y ornada con retratos de escritores latinoamericanos, es una de esas experiencias por las que uno se dice que todo esto valió la pena. Lo que surge de semejante análisis es un fenómeno de disociación. Como si, al abrirse una brecha cada vez mayor entre lo que publican los grandes y los chicos, la diferenciación resultara tan evidente que casi pierde sentido continuar llamando “literatura” a unos y otros productos. ¿Qué relación existe entre un libro exigente y otro fabricado a propósito para que esa entelequia llamada “todos” pueda entenderlo? Frente al abismo que se agranda entre unos y otros, acaso convendría designarlos directamente con nombres distintos. ¿Por qué no abandonarles a los negociantes la palabra “novela”, tan trajinada, y utilizar, por ejemplo, para las narraciones que requieren pasión y sufrimiento, aquella denominación propuesta por Unamuno para sus propias obras de ficción: “nivola”? De ese modo, y dejando de lado la obviedad del chiste (como en español la v se pronuncia igual que la b, en la Argentina la “nivola” vendría a ser una novela que a nadie le despierta el mínimo interés?), quedaríamos claramente distribuidos en lugares distintos. Ya no habría confusión. No se nos consideraría dentro de un idéntico rubro. Nuestros estantes en las librerías no serían los mismos. Schiffrin encuentra que ese proceso, de algún modo, ya ha comenzado. “En mi último viaje a Roma me impresionó la enorme diferencia entre los libros vendidos por una gran cadena como Mondadori y los que se podían encontrar en una librería independiente. No había casi nada en común entre las dos.” Cuando llegué a Francia en 1978 sin conocer a nadie, ni en el mundo editorial ni en ningún otro, la célebre traductora Laure Bataillon le presentó a las ediciones Mercure de France mi primera novelita, publicada en Buenos Aires con el sello Calicanto, proyección argentina de la más conocida editorial Arca de Montevideo. Conocida, aunque confidencial y nada comercial. Al poco tiempo se produjo el milagro: Simone Gallimard, la directora, me llamó para decirme que me publicarían la novela. “No se va a vender -me anunció-, porque es muy literaria, pero una editorial prestigiosa como la nuestra se debe a sí misma publicar textos de calidad, por invendibles que sean. Además usted vive en Francia, es joven y habla francés.” En aquel momento oscilé entre la fascinación y el escándalo. ¿Cómo? ¿Me publicaban sabiendo que no me venderían? ¿Y cómo lo podían saber, qué bola de cristal consultaban para estar tan seguros? Y además, si yo hubiera tenido noventa años, hubiera vivido en Pirané, Formosa, y hablado sólo guaraní, ¿ese mismo texto habría terminado en el canasto? Frente al mundo de hoy, las palabras de Madame Gallimard suenan a música de las esferas. El pronóstico de venta para ella quedaba claro, pero no era determinante, o no todavía. Una gran editorial “se debía” algo a sí misma. Hoy las cuentas son otras.

“Tantas resucitarás…”

Zulma Fraga

Es el último día de octubre, sábado a la tarde, llueve en Buenos Aires. Acabo de ver y oír un DVD de Mercedes Sosa, un show en vivo, desde el exilio. Tal vez porque yo no soy una melancólica, a pesar de que esta tarde gris predispone para eso y para sentir presentes las grandes ausencias, la palabra que define mi estado de ánimo es embeleso. Una Mercedes no lejos de sus 40 años, bella, vestida de negro con un poncho rojo y negro, sola en el escenario con su bombo y un guitarrista. Y esa voz inmensa, cristalina, que ocupa todo el espacio. Canta Piedra y camino, Chacarera de las piedras, Guitarra dímelo tú, y se me pone la piel de gallina. Canta Duerme negrito y lloro. Canta Gracias a la vida y yo también le doy las gracias, por ella entre tantas cosas. Y cuando canta Antiguos dueños de las flechas le pide todo a su voz incomparable, hasta largos momentos a capella. La belleza de esta mujer es criolla y ella puede decir, desde ese escenario: “los tobas, nuestros compatriotas”. El exilio hizo sufrir a Mercedes y se lo cobró en el cuerpo. Países canallas estos que obligan a irse a sus artistas. Me he preguntado dónde está el peligro en esta mujer sola en un escenario. Escuchándola cantar, días pasados “defender mi ideología, buena o mala, pero mía” entendí. Eso hizo Mercedes Sosa: no claudicar, abrir puertas, ser generosa, cantar. Y estará resucitando, cada vez que la escuchemos.