Si tenemos la audacia de crear sistemas de gestión diferentes
para la formación de macro regiones y micro regiones creo que
estaríamos comenzando a transitar un caminos correcto para resolver
el problema del empleo.
Junto a esa economía capitalista, ordenada rigurosamente,
mantenida bajo supervisión de marcos regulatorios definidos por
el gobierno, Argentina requiere con urgencia reestructurar la economía
pública y crear un área de economía social comunitaria.
Sin la capacidad de cobrar impuestos, no tenemos cómo atender
las necesidades sociales, cómo realizar la infraestructura que
el país necesita, cómo preservar el medio ambiente, cómo
garantizar la soberanía del territorio de la Nación.
La principal carencia de Argentina para ordenar su economía
y su proceso de desarrollo no es la falta de recursos, sino la falta
de ideas. Eso se debe a la actitud parroquial de los sucesivos gobiernos
de tomar decisiones en base a asesorías de círculos muy
íntimos de máxima confianza no siempre dotados de
la necesaria competencia profesional.
Si no cambiamos el eje pensante, generador de nuevas ideas, si
no se incorporan nuevas personas con visiones más amplias sobre
el futuro del país, pienso que seguiremos anquilosados y en un
inexorable proceso de necrosis en términos de vida económica
y de perspectiva social.
Pienso que es obligación nuestra como sociedad participar
en el esfuerzo, junto a otros países sudamericanos, para integrar
la nueva matriz de poder multipolar que está diseñándose.
Manuel
Figueroa dedicó 30 años de su vida, como funcionario de
Naciones Unidas en diversos países de América Latina,
a pensar el desarrollo económico regional. Una vez alejado de
la ONU, en 1993 siguió trabajando este tema desde el INDEC, el
Senado de la Nación, universidades y ONG´s. Publicó,
entre otros, El Desafío Argentino. Un Modelo Autónomo
de Desarrollo, Economía del Poder y Una
Salida de la convertibilidad.
Para Figueroa, la clave para transformar el país está
en instituir una nueva macroeconomía y un nuevo régimen
de macroregiones y microregiones sin vulnerar las soberanías
provinciales ni municipales.
En
sus escritos insiste con la necesidad de llevar adelante un Programa
de Desarrollo Autónomo, ¿cuál sería los
objetivos de este programa?
El
objetivo de un modelo autónomo de desarrollo es pensar nuevamente
el país y adoptar decisiones viables a nivel internacional y
local para acortar los tiempos de transición hasta llegar a un
desarrollo sustentable. Los problemas que enfrenta el país nos
permiten poner en tela de juicio los caminos que elegimos en materia
de políticas públicas durante los últimos 50 años.
Necesitamos cambiar de caminos para alcanzar otros resultados.
Hay
muchas definiciones de qué es el desarrollo sustentable, ¿en
qué indicadores se expresa para usted?
Hemos
estado siendo guiados por indicadores que no siempre representan el
contenido último de estos conceptos. Progreso, equidad o justicia
distributiva no están necesariamente contenidos en el instrumento
de medición que es la tasa de crecimiento. Argentina padeció
trágicamente algunos mitos en materia económica: que el
1 a 1 era posible en una economía como la nuestra, que un dólar
financiero era igual a un dólar comercial - con lo cual pretendieron
hacernos entender que la deuda no generaba per se ningún problema
adicional-, que la apertura comercial indiscriminada generaba mayor
flexibilidad de la economía nacional para poder crecer, que el
gasto público es excesivo y que es necesario reducirlo para transferir
más recursos al sector privado, para ampliar la reinversión
productiva, generar empleo y desarrollo.
Habla
de un programa autónomo. ¿Cómo pensar hoy la autonomía
en una economía cada vez más integrada, transnacionalizada?
En el caso concreto de una economía periférica o satelital
como es la economía argentina, el grado de autonomía merece
ser analizado con cuidado a fin de distinguir tres componentes. En primer
término, hay que entender que por mucho tiempo más occidente
- y Argentina necesariamente- tendrá que continuar en el sistema
capitalista. Cualquier otra idea de que por medios de violencia revolucionaria
o medidas de fuerza podamos alcanzar el desarrollo vía salidas
del sistema es hoy una utopía. Esta es la primera constatación
para llegar a entender las áreas de autonomía que tenemos.
Segundo, hay que entender que no existe sistema social, ni siquiera
el capitalismo, que pueda obligar a una sociedad a comprometer el bienestar
de sus ciudadanos o la sustentabilidad de sus recursos naturales, o
el futuro de sus generaciones. Quiere decir que admitiendo la permanencia
del capitalismo por un tiempo histórico indefinido hay que entender
que ningún sistema puede invadir decisiones que puedan comprometer
el futuro de la propia sociedad. Entre uno y otro concepto tenemos márgenes
de acción. La inteligencia del gobierno estará en encontrar
qué tipo de capitalismo podrá ser más conveniente
para alcanzar el desarrollo. Habrá que elegir qué sectores
productivos y qué regiones del país serán destinadas
como escenario del funcionamiento pleno del sistema capitalista, en
la cual el Estado tendrá que asumir roles de regulación.
Esto es de praxis normal en todo país desarrollado. Junto a esa
economía capitalista, ordenada rigurosamente, mantenida bajo
supervisión de marcos regulatorios definidos por el gobierno,
Argentina requiere con urgencia reestructurar la economía pública
y crear un área de economía social comunitaria.
El tercer componente se refiere a la necesidad de avanzar desde la democracia
representtiva hacia una democracia participativa, impulsando a las comunidades
locales a transformarse en sujetos sociales con participación
en temas relativos al crecimiento, la equidad y el empleo. Solo mediante
roles activos de la propia sociedad, inyectaremos la energía
necesaria para regenerar el sistema político.
¿Qué
implica reestructurar la economía pública?
El
Estado deberá administrar la economía pública con
racionalidad, eficacia y fundamentalmente con transparencia. En ningún
país en los niveles más avanzados del capitalismo contemporáneo
ha abandonado su participación activa en la economía para
garantizar bienes y servicios esenciales a la seguridad pública
y al bienestar de sus ciudadanos. Si el Estado no está capacitado
para recoger los tributos, y para administrarlos con transparencia y
racionalidad - ese es el caso Argentino-, no puede funcionar. Una economía
como la nuestra en la que el Estado solo consigue captar no más
de un 20% sobre el producto bruto tiene enormes dificultades de funcionamiento.
Los estados europeos captan - en promedio- un 40% del producto bruto
a través de ingresos fiscales. Sin la capacidad de cobrar impuestos,
no tenemos cómo atender las necesidades sociales, cómo
realizar la infraestructura que el país necesita, cómo
preservar el medio ambiente, cómo garantizar la soberanía
del territorio de la Nación.
¿Existen
amplios grupos sociales capaces de acordar con estos dos presupuestos
que usted mencionó, que el
capitalismo
va a durar por mucho más tiempo y que el capitalismo no puede
obligar a la población a entregar su bienestar?
Es regla elemental de la democracia llegar al consenso entre todos los
sectores.
¿Por
dónde se debería empezar para llegar al modelo que usted
plantea?
Primera
exigencia: pensar el país y el futuro de inserción que
podemos tener dentro del sistema. A partir de entender que el capitalismo
admite modulaciones y que seguirá por mucho tiempo, pienso que
la primera reforma que Argentina necesita en lo institucional es la
justicia. Si no entronizamos el imperio de la ley, no tendremos país.
No tendremos cara para ir al mundo a pedir un porcentaje de quita de
la deuda cuando todos aquellos que delinquieron sobre los bienes públicos
están protegidos y al margen de los castigos de la ley. La justicia
es fundamental para ganar la confianza de la sociedad y el respecto
de la comunidad internacional. No solo la Corte, sino en todo el aparato
de la justicia debe ser el primer campo de reforma de nuestro país.
¿Qué
países debería mirar la Argentina como ejemplos a seguir?
En
las ciencias económicas nosotros miramos hacia los países
nórdicos y Canadá. En estos países el Estado ha
tenido capacidad de regulación: admitir máximos niveles
de libertad para el sector privado dentro de ciertas normas. Las exigencias
para el sector privado son responsabilidad tributaria, responsabilidad
en la legislación social y previsional y responsabilidad en materia
ambiental. Si el capitalismo cumple esos marcos de regulación
toda la potencialidad del sistema para acumular excedentes y crecer
como economía es compatible con el bienestar nacional.
Después
de tantos años de campaña a favor de achicar el Estado
y de transmitir la visión del gasto público como gasto
innecesario y corrupto, ¿es fácil revertir esta visión?
¿en cuánto tiempo se podría volver a generar un
consenso de que una masa más importante de dinero debe pasar
por el Estado, de que se deben pagar impuestos?
Si
los gobiernos nacional y provinciales- tuvieran la preocupación
de informar a la comunidad sobre la esencialidad del rol tributario,
en poco tiempo el Estado podría captar mejores recursos. Por
otra parte, con inteligencia habrá que encontrar los instrumentos
necesarios para reducir las transferencias voluntarias de excedentes
hacia el exterior ampliando la reinversión productiva dentro
del país. No existe economía que pueda funcionar con tan
poca recaudación, con tanta evasión y con tan monumentales
transferencias de ingresos al exterior.
¿El
Gobierno actual aspira a que el Estado tenga mayor participación
en la economía?
El
Gobierno apuntó en una dirección correcta, y de hecho
el aumento de la recaudación tributaria refleja esa predisposición.
Me temo que por el momento se está trabajando todavía
en los márgenes del problema. La esencia del problema, la tijera
impositiva, todavía no se ha tocado. Los impuestos al consumo
triplican los impuestos a las ganancias de capital, quiere decir que
estamos en un evidente proceso de transferencia de ingreso desde las
clases medias y bajas hacia los sectores que controlan los medios de
producción y el capital.
Según
los últimos datos aumentó la recaudación. ¿Qué
argumentos tiene la Argentina para poder hacer uso de ese dinero y evitar
que se lo lleven los acreedores?
Pienso
que el Gobierno se debilita a sí mismo en la medida en que no
elabora y torna transparente un programa de mediano plazo para el desarrollo.
Es distinto negociar con un plan. Por otra parte, hasta el momento el
Gobierno no ha utilizado dos extraordinarios instrumentos que tiene
para negociar el endeudamiento. Primer instrumento: la deuda no es responsabilidad
del Gobierno entendido como Poder Ejecutivo, la deuda es responsabilidad
de la Nación. En consecuencia es el Congreso Nacional el que
constitucionalmente debe tratar el tema de la deuda. Y en particular
existe una causa que es la del juez Ballesteros que determina la necesidad
de que el Congreso se expida sobre qué parte de la deuda pública
- generada en distintos gobiernos anteriores- es legítima. El
Gobierno no ha utilizado este instrumento, se asume para sí la
responsabilidad de negociar dejando de lado la expresión del
Congreso como lo marca la Constitución. Y el Congreso está
comprometido a expedirse desde que el juez Ballesteros hizo el dictamen.
Pienso que de seguirse ese camino, aparecería una importante
cantidad de recursos de la deuda bajo la categoría de deuda ilegítima.
Esa masa de recursos deberá ser presentada por el país
como masa de recursos a negociar o simplemente a eliminar del contexto
global de la deuda. El segundo instrumento que el Gobierno no ha utilizado
es el de identificar los fondos transferidos al exterior, que prácticamente
tienen un volumen equivalente al PBI del país, para verificar
si están en el exterior previo pago de sus compromisos tributarios.
Aquellos fondos transferidos que hayan cumplido sus exigencias tributarias
evidentemente pertenecen a la esfera de las decisiones individuales
y serían intocables. Pero aquellos fondos transferidos sin haber
cumplido con el pago de impuestos tendrán necesariamente que
ser bloqueados para reintegrarse al país en la forma de un fondo
nacional - que puede eventualmente destinarse al pago de los servicios
de la deuda-. Respecto de la deuda, el Gobierno tiene que apelar al
Congreso por un lado y por otro, con la cooperación de los países
centrales verificar qué importancia pueden tener los impuestos
no pagados sobre esas transferencias. El Gobierno debería haber
negociado pagar un porcentaje relativo a la tasa de crecimiento, no
al superávit. Si se comprometiera el pago de los servicios en
relación a un máximo de porcentaje sobre la tasa de crecimiento,
el interés de que nuestro país pueda crecer pasaría
a ser también interés de los propios acreedores, que mediante
inversiones y apertura del comercio exterior permitirían que
Argentina pudiera tener una performance económica de mayor crecimiento
en el futuro.
¿Cuántos profesionales hay en la Argentina que conocen
a fondo el tema de la deuda porque se suceden gobiernos de distinto
color partidario y algunos nombres permanecen como negociadores antes
los acreedores?
La
principal carencia de Argentina para ordenar su economía y su
proceso de desarrollo no es la falta de recursos, sino la falta de ideas.
Eso se debe a la actitud de los sucesivos gobiernos de tomar decisiones
y recibir asesoría de círculos muy íntimos de máxima
confianza. Aparecemos como un país pobre de ideas. En ciencias
sociales, nuestros mayores investigadores y profesionales no son escuchados
en las oficinas del gobierno, ni de este ni de los anteriores. Esto
creo que es un miedo al intelecto que marca la inviabilidad de nuestro
país para enfrentar los procesos de desarrollo en un mundo tan
complejo como es el actual. Si no cambiamos el eje pensante, generador
de nuevas ideas, si no se incorporan nuevas personas con visiones más
amplias sobre el futuro del país, pienso que seguiremos anquilosados
y en un inexorable proceso de necrosis en términos de vida económica
y de perspectiva social. Este proceso de involución va asociado
a un propósito profundo de volver a la Argentina del siglo XIX:
agroexportadora, de base primaria, esencialmente oligárquica,
con beneficios sociales muy concentrados en selectas minorías.
Esto explica la permanencia de los mismos esquemas de política
económica. Desde la década del 60, los ministros de economía
pertenecen a la misma línea ideológica, conservadora y
ortodoxa de la economía. Esas personas permanentemente cambian
de funciones, roles o instituciones, pero su pensamiento se ha consolidado
y se hizo costra en la sociedad argentina.
Muchos
intelectuales, incluido usted, estaban a favor de salir de la convertibilidad
antes de diciembre de 2001. Sin embargo, hasta que no estalló
la economía no pudieron instalar un debate serio sobre abandonar
la paridad dólar-peso. ¿Por qué no consiguieron
ser escuchados?
El
régimen de convertibilidad se mantuvo con tanta obsesión
porque era funcional a los grandes intereses que en términos
de la economía financiera se garantizaba con el seguro de cambio,
que les posibilitaba la transferencia con el uno a uno. Pero la convertibilidad
también beneficiaba a los intereses de un elenco de profesionales
que transformaron su trabajo en servir estos intereses, y que al defender
el sistema se defendían a sí mismos. Por otro lado, los
medios de comunicación fueron cómplices y apagaron las
críticas sobre la coherencia del sistema. Un núcleo muy
reducido de economistas escribimos sobre las perversidades de la convertibilidad,
pero no fuimos escuchados. En el 2000 y 2001, antes de la debacle, yo
pertenecía a un equipo profesional del Senado de la Nación
y elaboramos un plan Bases para un Programa Argentino de desarrollo,
que establecía cómo salir de la convertibilidad sin padecer
las enormes deficiencias que después tuvieron que hacerse a partir
del ministro Remes Lenicov. Estas observaciones no fueron tomadas en
cuenta.
Su
propuesta de que el gobierno debe comprobar que los fondos transferidos
al exterior hayan pagado impuestos requiere la colaboración internacional.
¿Qué le hace pensar que distintos países desarrollados
colaborarían con esta iniciativa, teniendo en cuenta que el mundo
tolera que haya paraísos fiscales donde va a parar el dinero
producto de la evasión, la corrupción, el narcotráfico,
el lavado?
Pienso
que el mundo está yendo- porque lo necesita- hacia la coherencia
y hacia la reducción de los niveles de hipocresía internacional.
Los bonistas pertenecen a los países avanzados. Al auditar si
los fondos en el exterior cumplieron con nuestro país, se podría
acumular una masa de recursos que eventualmente podría formar
parte de un nuevo proceso de negociación de la deuda. Ellos también
podrían presionar a sus gobiernos.
¿Está
surgiendo un nuevo paradigma económico? ¿El neoliberalismo
pasó?
No
nos olvidemos que históricamente, el liberalismo fue la filosofía
política del capitalismo y en su origen fue revolucionario. En
la década de los 30, la gran crisis económica y social
amenazaba quebrar al capitalismo. EL Keynesianismo fue, en aquel entonces,
neoliberalismo exitoso. Posteriormente, bajo los gobiernos de Reagan
y de la Thatcher se gestó un nuevo neoliberalismo. Sus expresiones
fueron la apertura externa, la expansión de los mercados, la
pérdida de soberanía en los estados nacionales, y la expansión
de las grandes empresas multinacionales y los revolucionarios avances
en materia tecnológica. Ese neoliberalismo en los países
periféricos ha generado profundas implicaciones, particularmente
por la apertura indiscriminada de la economía. En nuestro país,
la transnacionalización y un proceso desordenado de privatizaciones
dejaron espacio para un capitalismo criollo, profundamente corrupto,
prebendario que amparado en el ropaje del neoliberalismo pretendió
controlar las principales instituciones del Estado. Históricamente
el neoliberalismo es una cáscara que envuelve el sistema, es
una cáscara funcional a los tiempos históricos. En los
tiempos históricos que se avecinan, yo pienso que es obligación
nuestra como sociedad participar en el esfuerzo, junto a otros países
sudamericanos, para integrar la nueva matriz de poder multipolar que
está diseñándose. Las críticas a la globalización
que se oyen en todo el mundo marcan una próxima entrada en acción
a un nuevo sistema de relaciones internacionales en que ese neoliberalismo
tendrá que ser nuevamente adaptado. No puede la humanidad permitir
la continuidad de un sistema que genera profundas devastaciones en términos
de pobreza y en términos de sustentabilidad de los recursos del
planeta.
Usted
trabajó muchos años en Naciones Unidas. ¿Es hoy
la ONU una institución en crisis a un año de que la coalición
liderada por EE.UU decidiera invadir Irak sin el respaldo del Consejo
de Seguridad?
Las
realidades del mundo anticipan la necesidad de potenciar un organismo
como Naciones Unidas, no por decisión política si no por
espíritu de preservación de la propia especie humana.
Necesitamos desde lo político acompañar el proceso económico.
Si hay poder económico multinacional, debe haber también
un poder político mundial. Naciones Unidas será la institución
fundamental para que la humanidad vaya encontrando su cauce.
En
un escenario multipolar de bloques regionales casi seguramente nuestra
integración será con Brasil. Usted trabajó en Brasil
desde la década del 60, ¿ya se percibían patrones
distintos de desarrollo? ¿Qué nos diferencia hoy en cuanto
al desarrollo?
Las
diferencias son profundas. Cuando hablamos de Brasil, hablamos de 8
millones de kilómetros cuadrados y de una población que
es casi cinco veces la argentina. Todo es significativamente más
grande. Sorprende la experiencia brasilera por la imaginación
de su clase dirigente. Cuando Brasil toma conciencia de sus profundos
problemas estructurales, el Estado y la burguesía nacional participan
de un rediseño del Estado. Ellos lo hicieron juntos.
¿Cuándo
tomó conciencia la dirigencia brasilera de sus problemas?
Pienso
que el gobierno de Getulio Vargas y de Juscelino Kubitschek fueron los
artífices de esta toma de conciencia muy bien instrumentada.
Brasil rediseña una concepción de Estado y de gestión
pública admirable, si la comparamos con el caso argentino. Se
preocupó por modernizar su Estado, dotarlo de una razonable capacidad
operativa, preparar recursos humanos y fundamentalmente aprovecharlos.
Es muy poca la cantidad de brasileros preparados técnica y científicamente
que estén trabajando en el exterior. Es extraordinaria la capacidad
del país para recuperar sus recursos humanos y dentro de la sociedad
asignarles roles de responsabilidad. En este terreno las diferencias
con Argentina son abismales.
A
pesar de estas diferencias de volumen y de políticas realizadas
hasta el momento. ¿Es posible la integración?
El
concepto de Mercosur pienso que es un concepto reducido, la integración
no puede limitarse al estrecho marco de los mercados, debe ser de las
sociedades. Yo me inclinaría a pensar en la creación de
una unidad de los países del sur, un poco a la imagen bolivariana.
La segunda consideración es que es difícil avanzar en
un proceso de integración si previamente cada país no
ha diseñado los caminos para su propia integración. Nosotros
no podemos ir a un proceso de integración con una Argentina que
conserva el 54% de población excluida. Todos los países
de la región deberíamos unificar el esfuerzo intelectual
y profesional para diseñar estrategias comunes de desarrollo
que garanticen grados crecientes de integración intranacional
que se apliquen junto al proceso de integración supranacional.
Es lo que hizo Europa, no estaríamos inventando nada. Mantener
una sociedad con más de 20% de desocupación, un 15 a 20%
de subocupación y niveles de pobreza de más de un 50 es
el preludio a una etapa de desorganización social y anarquía.
Un sistema democrático no puede funcionar con tamaños
niveles de exclusión.
Usted
estuvo trabajando bastante sobre la Ley de Coparticipación. ¿Qué
dilemas y qué problemas encierra? ¿Qué criterios
debería tener en cuenta una nueva Ley de Coparticipación?
Su
articulado debería, prioritariamente, fomentar reformas en la
gestión de los recursos públicos para corregir los profundos
desequilibrios que existen entre las economías provinciales.
Sin tales prioridades, no tendremos una buena ley. Sin corregir las
deficiencias económicas entre las provincias, no podremos corregir
las deficiencias del sistema político, que seguirá siempre
privilegiando la mayor representación política de las
provincias que tienen más población La coparticipación
al final será el estatuto legal que posibilite administrar las
finanzas del gobierno en su instancia nacional, provincial y municipal
bajo una unidad de propósitos. Eso exige un tipo de federalismo
de parcería en que el gobierno nacional, provincial y municipal
puedan consensuar mayores inversiones productivas y reducción
de gastos corrientes instituyendo los principios establecidos en los
artículos 75 y 124 de la Constitución Nacional..
¿Cómo
sugiere encarar el problema del desempleo?
Para
encarar el tema del desempleo hay que tener en cuenta que no se puede
crear empleo en el Obelisco, ni crean empleo los ministros de economía.
Hay que entender que necesitamos administrar un inmenso y diversificado
territorio donde existen extraordinarias manifestaciones de riqueza.
Si tenemos la audacia de crear sistemas de gestión diferentes
para la formación de macroregiones y microregiones creo que estaríamos
comenzando a transitar un caminos correcto para resolver el problema
del empleo. Nuestro sistema institucional se integra con una capital
y 23 provincias todas desarticuladas entre sí; y 2000 municipios
todos desarticulados, en los que predomina la incapacidad operativa
en un 90%. No existe gestión pública en nuestro país.
Toda transferencia de recursos vía coparticipación es
prácticamente inyectar recursos en regiones que no tienen capacidad
alguna de gestión. Para resolver tales problemas, el gobierno
nacional y las provincias precisar consensuar la formación de
6, 7 macro regiones, dotando a cada una de la suficiente capacidad técnica
para tener las bases de programación de las economías
regionales. Esos 2000 municipios ya prácticamente son pura máquina
de gasto, de cooptación política, de degradación
de las familias que viven merced a los gobiernos municipales. Llego
la hora de asociarlos entre sí y crear micro regiones para dotarlos
de una unidad de inteligencia con capacidad para programar el uso de
los recursos públicos y asistir a las empresas privadas.
¿Hay
ya bocetos de algunas micro regiones?
En
la Universidad Nacional de Río Cuarto elaboramos la primera y
más grande experiencia de asociación intermunicipal. Se
llamó ADESUR, estaban reunidos allí 47 municipios del
sur de córdoba. Municipios de distintos colores políticos:
radicales, peronistas, de partidos locales. Según el trabajo
que vengo realizando, este proyecto hay que hacerlo en 100 micro regiones.
Y en esas deberíamos tener la capacidad para crear centros de
actividad económica -con capacidad de producción y de
generar empleo-. Esta es la esencia para transformar este país.
¿En
cuanto tiempo se podría llegar a armar un mapa con 100 micro
regiones?
Cada
provincia mediana o pequeña, tiene un promedio de 4, 6 micro
regiones. No es mucho, se puede hacer. Las provincias grandes podrán
demorar un tiempo mayor, evidentemente, en la medida que sus extraordinarias
densidades demográficas y superficies requieren mayor elaboración.
En el plazo de 10 años podríamos tener todo el país,
reestructurado, con mecanismos de gestión que permitan la producción,
la exportación directamente desde los ámbitos micro regionales.
Pero en forma urgente tenemos que descentralizar los mecanismos de gestión
económica. No puede ser que el Banco Central regule los flujos
monetarios solo con visión nacional. No puede ser que una secretaría
de pequeña y mediana empresa en Capital tenga que aprobar pequeños
proyectos que se presentan en los municipios del interior, cuando los
funcionarios que están aquí en Capital no tienen la menor
idea de lo que tiene que aprobar. Argentina no va a salir de su problema
del desempleo si no articula decisiones para ampliar la gestión
económica en todo el territorio. Eso exige un plan de desarrollo
que tenga sus capítulos perfectamente diferenciados por macro
regiones. La inercia, ignorancia, la incapacidad de gestión de
nuestra clase dirigente es profunda, y mientras no entendamos eso, hacer
coparticipación en los viejos moldes del federalismo será
mantener el mal uso de los recursos públicos.
¿El Gobierno actual está haciendo algo en esa dirección?
Cuando
este Gobierno decide crear el Ministerio de Planificación Federal
alentó mis esperanzas de que por fin tuviéramos un núcleo
de pensamiento estratégico, nacional de largo plazo. Lamentablemente
la práctica me permite constatar que las tareas de planificación
de este ministerio se reducen exclusivamente a cuestiones coyunturales
y no va más allá que de los servicios públicos
y de las obras públicas.
El
proyecto de regionalizar también lo había propuesto Menem.
¿Hay alguna diferencia entre el proyecto de regionalización
que usted plantea y el de Menem?
La
regionalización que quería realizarse desde el gobierno
de la década de los 90 era una regionalización que tenía
por objetivo reducir el gasto público: en la medida que tengo
menos gobiernos provinciales y municipales, el gasto público
se reduce. No es ese el sentido que subyace a mi propuesta de regionalización.
En
política monetaria, ¿qué reformas plantería?
Al
eliminar la convertibilidad es esencial desdolarizar la economía,
evitar el bimonetarismo. Lamentablemente el régimen monetario
actual no contempla con drasticidad esa alternativa. Pienso que es esencial
mantener la figura del dólar como moneda de cambio en el comercio
internacional. Pero hay que observar lo que otros países con
éxito hacen, países tan próximos como Chile. Chile
indexó y creó una moneda de referencia que es la que permite
garantizar la estabilidad de los contratos y garantizar al menos en
mayor medida la justicia y la equidad en las relaciones económicas.La
indexación de la moneda es la menos mal de las soluciones que
las sociedades actuales deberían adoptar. Lamentablemente, la
Argentina no lo acepta ni los responsables del gobierno quieren entrar
por esta variable. Pienso que es esencial del crear un sistema de canasta
de monedas en la cual el juego del comercio internacional permita definir
los valores relativos de la moneda. Al margen de eso, instituir una
unidad monetaria de referencia que para todo contrato arriba de un periodo
determinado 2 o 3 meses- trabaje con una moneda indexada. Es
el mecanismo más inteligente para garantizar la equidad.
¿Es
posible pensar una salida de los subsidios a los desocupados sin dejar
a más personas desamparadas en la pobreza?
Ante
el drama del desempleo es que los gobiernos en los últimos dos
años optaron por programas asistenciales, particularmente este
de Jefas y Jefes de Hogar. Son programas extremadamente limitados. Ni
siquiera llegan resolver el problema de la pobreza por su insuficiencia
monetaria y generan dificultades en la cultura del trabajo y perturbaciones
en las prácticas políticas de nivel local. Los procesos
de la pobreza se vuelven funcionales a la preservación de las
prácticas políticas que han prácticamente envilecido
el sistema político. Soy un ferviente defensor de la idea de
crear una economía social comunitaria que moldee un tipo de organización
económica funcional para resolver los problemas sociales y oxigene
el sistema político. El fin es construir nuevos sujetos sociales
con capacidad de decisión en materia de recursos públicos.
Para eso tenemos una enorme dotación de técnicos en todo
el país. Tenemos un stock de profesionales cercanos al medio
millón en toda la Argentina, ¿por qué no transformar
esa enorme capacidad técnica al servicio de esta idea? Mediante
las técnicas de la programación económica, podrá
dimensionarse que un 25, 30% de la fuerza de trabajo de la microregión
sea absorbida por instituciones públicas; ojalá un porcentaje
del 30, 40, 50 % pueda ir a la empresa privada de la micro región.
En las micro regiones de Argentina predomina el perfil de la micro pequeña
y mediana empresa y ellas son los instrumentos de cambio que debemos
activar ampliando su capacidad de absorción de empleo. Con el
resto de la fuerza de trabajo disponible será preciso programar
un conjunto de proyectos de preservación ambiental, de infraestructura,
de desarrollo productivo que sí o sí debemos ejecutar
para usar el desempleo que la micro región tiene. ¿Cómo
financio esto? Argentina tiene los recursos suficientes si los administra
bien. Terminaríamos así la tragedia de los programas asistenciales
y organizaríamos a las familias en programas de trabajo concreto,
con el adicional que las remuneraciones, que serían otorgadas
desde estos centros comunales, podrían ser en dinero y en especie
cubriendo las necesidades sociales esenciales de alimentación,
salud, educación y previsión social. En mi último
libro El Desafío Argentino: un modelo autónomo de
desarrollo, se especifican los recursos financieros necesarios
y se analiza su factibilidad mediante reformas fiscales apropiadas y
factibles.
En
su último libro cita una frase del premio Nóbel de Economía
Paul Samuelson que sostiene: definitivamente la economía
no es una ciencia exacta. ¿Cuál es el último
ejemplo argentino que demuestra que la economía no es una ciencia
exacta?
En
la década del 90 la economía argentina creció un
50% en cuanto el desempleo se incrementó en más del 200
% La economía es antes que nada psicología social. Si
no entendemos esto y no ganamos la confianza de la sociedad, no habrá
repercusión en los indicadores económicos. En mis últimos
libros, he destinado algunas páginas a señalar los dogmas
y mitos que, interesadamente, fueron difundidos en la sociedad argentina
para nublar su comprensión sobre los temas del desarrollo