“En economía, aparecemos como un país pobre de ideas”
ENTREVISTA realizada para el diario La Mañana de Neuquén por la periodista Mariana Percovich - febrero 2004

 


“Si tenemos la audacia de crear sistemas de gestión diferentes para la formación de macro regiones y micro regiones creo que estaríamos comenzando a transitar un caminos correcto para resolver el problema del empleo”.

“Junto a esa economía capitalista, ordenada rigurosamente, mantenida bajo supervisión de marcos regulatorios definidos por el gobierno, Argentina requiere con urgencia reestructurar la economía pública y crear un área de economía social comunitaria”.

“Sin la capacidad de cobrar impuestos, no tenemos cómo atender las necesidades sociales, cómo realizar la infraestructura que el país necesita, cómo preservar el medio ambiente, cómo garantizar la soberanía del territorio de la Nación”.

“La principal carencia de Argentina para ordenar su economía y su proceso de desarrollo no es la falta de recursos, sino la falta de ideas. Eso se debe a la actitud parroquial de los sucesivos gobiernos de tomar decisiones en base a asesorías de círculos muy íntimos de máxima confianza” no siempre dotados de la necesaria competencia profesional.

“Si no cambiamos el eje pensante, generador de nuevas ideas, si no se incorporan nuevas personas con visiones más amplias sobre el futuro del país, pienso que seguiremos anquilosados y en un inexorable proceso de necrosis en términos de vida económica y de perspectiva social”.

“Pienso que es obligación nuestra como sociedad participar en el esfuerzo, junto a otros países sudamericanos, para integrar la nueva matriz de poder multipolar que está diseñándose”.

Manuel Figueroa dedicó 30 años de su vida, como funcionario de Naciones Unidas en diversos países de América Latina, a pensar el desarrollo económico regional. Una vez alejado de la ONU, en 1993 siguió trabajando este tema desde el INDEC, el Senado de la Nación, universidades y ONG´s. Publicó, entre otros, “El Desafío Argentino. Un Modelo Autónomo de Desarrollo”, “Economía del Poder” y “Una Salida de la convertibilidad”.
Para Figueroa, la clave para transformar el país está en instituir una nueva macroeconomía y un nuevo régimen de macroregiones y microregiones sin vulnerar las soberanías provinciales ni municipales.

En sus escritos insiste con la necesidad de llevar adelante un Programa de Desarrollo Autónomo, ¿cuál sería los objetivos de este programa?

El objetivo de un modelo autónomo de desarrollo es pensar nuevamente el país y adoptar decisiones viables a nivel internacional y local para acortar los tiempos de transición hasta llegar a un desarrollo sustentable. Los problemas que enfrenta el país nos permiten poner en tela de juicio los caminos que elegimos en materia de políticas públicas durante los últimos 50 años. Necesitamos cambiar de caminos para alcanzar otros resultados.

Hay muchas definiciones de qué es el desarrollo sustentable, ¿en qué indicadores se expresa para usted?

Hemos estado siendo guiados por indicadores que no siempre representan el contenido último de estos conceptos. Progreso, equidad o justicia distributiva no están necesariamente contenidos en el instrumento de medición que es la tasa de crecimiento. Argentina padeció trágicamente algunos mitos en materia económica: que el 1 a 1 era posible en una economía como la nuestra, que un dólar financiero era igual a un dólar comercial - con lo cual pretendieron hacernos entender que la deuda no generaba per se ningún problema adicional-, que la apertura comercial indiscriminada generaba mayor flexibilidad de la economía nacional para poder crecer, que el gasto público es excesivo y que es necesario reducirlo para transferir más recursos al sector privado, para ampliar la reinversión productiva, generar empleo y desarrollo.

Habla de un programa autónomo. ¿Cómo pensar hoy la autonomía en una economía cada vez más integrada, transnacionalizada?
En el caso concreto de una economía periférica o satelital como es la economía argentina, el grado de autonomía merece ser analizado con cuidado a fin de distinguir tres componentes. En primer término, hay que entender que por mucho tiempo más occidente - y Argentina necesariamente- tendrá que continuar en el sistema capitalista. Cualquier otra idea de que por medios de violencia revolucionaria o medidas de fuerza podamos alcanzar el desarrollo vía salidas del sistema es hoy una utopía. Esta es la primera constatación para llegar a entender las áreas de autonomía que tenemos. Segundo, hay que entender que no existe sistema social, ni siquiera el capitalismo, que pueda obligar a una sociedad a comprometer el bienestar de sus ciudadanos o la sustentabilidad de sus recursos naturales, o el futuro de sus generaciones. Quiere decir que admitiendo la permanencia del capitalismo por un tiempo histórico indefinido hay que entender que ningún sistema puede invadir decisiones que puedan comprometer el futuro de la propia sociedad. Entre uno y otro concepto tenemos márgenes de acción. La inteligencia del gobierno estará en encontrar qué tipo de capitalismo podrá ser más conveniente para alcanzar el desarrollo. Habrá que elegir qué sectores productivos y qué regiones del país serán destinadas como escenario del funcionamiento pleno del sistema capitalista, en la cual el Estado tendrá que asumir roles de regulación. Esto es de praxis normal en todo país desarrollado. Junto a esa economía capitalista, ordenada rigurosamente, mantenida bajo supervisión de marcos regulatorios definidos por el gobierno, Argentina requiere con urgencia reestructurar la economía pública y crear un área de economía social comunitaria.
El tercer componente se refiere a la necesidad de avanzar desde la democracia representtiva hacia una democracia participativa, impulsando a las comunidades locales a transformarse en sujetos sociales con participación en temas relativos al crecimiento, la equidad y el empleo. Solo mediante roles activos de la propia sociedad, inyectaremos la energía necesaria para regenerar el sistema político.

¿Qué implica reestructurar la economía pública?

El Estado deberá administrar la economía pública con racionalidad, eficacia y fundamentalmente con transparencia. En ningún país en los niveles más avanzados del capitalismo contemporáneo ha abandonado su participación activa en la economía para garantizar bienes y servicios esenciales a la seguridad pública y al bienestar de sus ciudadanos. Si el Estado no está capacitado para recoger los tributos, y para administrarlos con transparencia y racionalidad - ese es el caso Argentino-, no puede funcionar. Una economía como la nuestra en la que el Estado solo consigue captar no más de un 20% sobre el producto bruto tiene enormes dificultades de funcionamiento. Los estados europeos captan - en promedio- un 40% del producto bruto a través de ingresos fiscales. Sin la capacidad de cobrar impuestos, no tenemos cómo atender las necesidades sociales, cómo realizar la infraestructura que el país necesita, cómo preservar el medio ambiente, cómo garantizar la soberanía del territorio de la Nación.

¿Existen amplios grupos sociales capaces de acordar con estos dos presupuestos que usted mencionó, que el

capitalismo va a durar por mucho más tiempo y que el capitalismo no puede obligar a la población a entregar su bienestar?
Es regla elemental de la democracia llegar al consenso entre todos los sectores.

¿Por dónde se debería empezar para llegar al modelo que usted plantea?

Primera exigencia: pensar el país y el futuro de inserción que podemos tener dentro del sistema. A partir de entender que el capitalismo admite modulaciones y que seguirá por mucho tiempo, pienso que la primera reforma que Argentina necesita en lo institucional es la justicia. Si no entronizamos el imperio de la ley, no tendremos país. No tendremos cara para ir al mundo a pedir un porcentaje de quita de la deuda cuando todos aquellos que delinquieron sobre los bienes públicos están protegidos y al margen de los castigos de la ley. La justicia es fundamental para ganar la confianza de la sociedad y el respecto de la comunidad internacional. No solo la Corte, sino en todo el aparato de la justicia debe ser el primer campo de reforma de nuestro país.

¿Qué países debería mirar la Argentina como ejemplos a seguir?

En las ciencias económicas nosotros miramos hacia los países nórdicos y Canadá. En estos países el Estado ha tenido capacidad de regulación: admitir máximos niveles de libertad para el sector privado dentro de ciertas normas. Las exigencias para el sector privado son responsabilidad tributaria, responsabilidad en la legislación social y previsional y responsabilidad en materia ambiental. Si el capitalismo cumple esos marcos de regulación toda la potencialidad del sistema para acumular excedentes y crecer como economía es compatible con el bienestar nacional.

Después de tantos años de campaña a favor de achicar el Estado y de transmitir la visión del gasto público como gasto innecesario y corrupto, ¿es fácil revertir esta visión? ¿en cuánto tiempo se podría volver a generar un consenso de que una masa más importante de dinero debe pasar por el Estado, de que se deben pagar impuestos?

Si los gobiernos – nacional y provinciales- tuvieran la preocupación de informar a la comunidad sobre la esencialidad del rol tributario, en poco tiempo el Estado podría captar mejores recursos. Por otra parte, con inteligencia habrá que encontrar los instrumentos necesarios para reducir las transferencias voluntarias de excedentes hacia el exterior ampliando la reinversión productiva dentro del país. No existe economía que pueda funcionar con tan poca recaudación, con tanta evasión y con tan monumentales transferencias de ingresos al exterior.

¿El Gobierno actual aspira a que el Estado tenga mayor participación en la economía?

El Gobierno apuntó en una dirección correcta, y de hecho el aumento de la recaudación tributaria refleja esa predisposición. Me temo que por el momento se está trabajando todavía en los márgenes del problema. La esencia del problema, la tijera impositiva, todavía no se ha tocado. Los impuestos al consumo triplican los impuestos a las ganancias de capital, quiere decir que estamos en un evidente proceso de transferencia de ingreso desde las clases medias y bajas hacia los sectores que controlan los medios de producción y el capital.

Según los últimos datos aumentó la recaudación. ¿Qué argumentos tiene la Argentina para poder hacer uso de ese dinero y evitar que se lo lleven los acreedores?

Pienso que el Gobierno se debilita a sí mismo en la medida en que no elabora y torna transparente un programa de mediano plazo para el desarrollo. Es distinto negociar con un plan. Por otra parte, hasta el momento el Gobierno no ha utilizado dos extraordinarios instrumentos que tiene para negociar el endeudamiento. Primer instrumento: la deuda no es responsabilidad del Gobierno entendido como Poder Ejecutivo, la deuda es responsabilidad de la Nación. En consecuencia es el Congreso Nacional el que constitucionalmente debe tratar el tema de la deuda. Y en particular existe una causa que es la del juez Ballesteros que determina la necesidad de que el Congreso se expida sobre qué parte de la deuda pública - generada en distintos gobiernos anteriores- es legítima. El Gobierno no ha utilizado este instrumento, se asume para sí la responsabilidad de negociar dejando de lado la expresión del Congreso como lo marca la Constitución. Y el Congreso está comprometido a expedirse desde que el juez Ballesteros hizo el dictamen. Pienso que de seguirse ese camino, aparecería una importante cantidad de recursos de la deuda bajo la categoría de deuda ilegítima. Esa masa de recursos deberá ser presentada por el país como masa de recursos a negociar o simplemente a eliminar del contexto global de la deuda. El segundo instrumento que el Gobierno no ha utilizado es el de identificar los fondos transferidos al exterior, que prácticamente tienen un volumen equivalente al PBI del país, para verificar si están en el exterior previo pago de sus compromisos tributarios. Aquellos fondos transferidos que hayan cumplido sus exigencias tributarias evidentemente pertenecen a la esfera de las decisiones individuales y serían intocables. Pero aquellos fondos transferidos sin haber cumplido con el pago de impuestos tendrán necesariamente que ser bloqueados para reintegrarse al país en la forma de un fondo nacional - que puede eventualmente destinarse al pago de los servicios de la deuda-. Respecto de la deuda, el Gobierno tiene que apelar al Congreso por un lado y por otro, con la cooperación de los países centrales verificar qué importancia pueden tener los impuestos no pagados sobre esas transferencias. El Gobierno debería haber negociado pagar un porcentaje relativo a la tasa de crecimiento, no al superávit. Si se comprometiera el pago de los servicios en relación a un máximo de porcentaje sobre la tasa de crecimiento, el interés de que nuestro país pueda crecer pasaría a ser también interés de los propios acreedores, que mediante inversiones y apertura del comercio exterior permitirían que Argentina pudiera tener una performance económica de mayor crecimiento en el futuro.

¿Cuántos profesionales hay en la Argentina que conocen a fondo el tema de la deuda porque se suceden gobiernos de distinto color partidario y algunos nombres permanecen como negociadores antes los acreedores?

La principal carencia de Argentina para ordenar su economía y su proceso de desarrollo no es la falta de recursos, sino la falta de ideas. Eso se debe a la actitud de los sucesivos gobiernos de tomar decisiones y recibir asesoría de círculos muy íntimos de máxima confianza. Aparecemos como un país pobre de ideas. En ciencias sociales, nuestros mayores investigadores y profesionales no son escuchados en las oficinas del gobierno, ni de este ni de los anteriores. Esto creo que es un miedo al intelecto que marca la inviabilidad de nuestro país para enfrentar los procesos de desarrollo en un mundo tan complejo como es el actual. Si no cambiamos el eje pensante, generador de nuevas ideas, si no se incorporan nuevas personas con visiones más amplias sobre el futuro del país, pienso que seguiremos anquilosados y en un inexorable proceso de necrosis en términos de vida económica y de perspectiva social. Este proceso de involución va asociado a un propósito profundo de volver a la Argentina del siglo XIX: agroexportadora, de base primaria, esencialmente oligárquica, con beneficios sociales muy concentrados en selectas minorías. Esto explica la permanencia de los mismos esquemas de política económica. Desde la década del 60, los ministros de economía pertenecen a la misma línea ideológica, conservadora y ortodoxa de la economía. Esas personas permanentemente cambian de funciones, roles o instituciones, pero su pensamiento se ha consolidado y se hizo costra en la sociedad argentina.

Muchos intelectuales, incluido usted, estaban a favor de salir de la convertibilidad antes de diciembre de 2001. Sin embargo, hasta que no estalló la economía no pudieron instalar un debate serio sobre abandonar la paridad dólar-peso. ¿Por qué no consiguieron ser escuchados?

El régimen de convertibilidad se mantuvo con tanta obsesión porque era funcional a los grandes intereses que en términos de la economía financiera se garantizaba con el seguro de cambio, que les posibilitaba la transferencia con el uno a uno. Pero la convertibilidad también beneficiaba a los intereses de un elenco de profesionales que transformaron su trabajo en servir estos intereses, y que al defender el sistema se defendían a sí mismos. Por otro lado, los medios de comunicación fueron cómplices y apagaron las críticas sobre la coherencia del sistema. Un núcleo muy reducido de economistas escribimos sobre las perversidades de la convertibilidad, pero no fuimos escuchados. En el 2000 y 2001, antes de la debacle, yo pertenecía a un equipo profesional del Senado de la Nación y elaboramos un plan “Bases para un Programa Argentino de desarrollo”, que establecía cómo salir de la convertibilidad sin padecer las enormes deficiencias que después tuvieron que hacerse a partir del ministro Remes Lenicov. Estas observaciones no fueron tomadas en cuenta.

Su propuesta de que el gobierno debe comprobar que los fondos transferidos al exterior hayan pagado impuestos requiere la colaboración internacional. ¿Qué le hace pensar que distintos países desarrollados colaborarían con esta iniciativa, teniendo en cuenta que el mundo tolera que haya paraísos fiscales donde va a parar el dinero producto de la evasión, la corrupción, el narcotráfico, el lavado?

Pienso que el mundo está yendo- porque lo necesita- hacia la coherencia y hacia la reducción de los niveles de hipocresía internacional. Los bonistas pertenecen a los países avanzados. Al auditar si los fondos en el exterior cumplieron con nuestro país, se podría acumular una masa de recursos que eventualmente podría formar parte de un nuevo proceso de negociación de la deuda. Ellos también podrían presionar a sus gobiernos.

¿Está surgiendo un nuevo paradigma económico? ¿El neoliberalismo pasó?

No nos olvidemos que históricamente, el liberalismo fue la filosofía política del capitalismo y en su origen fue revolucionario. En la década de los 30, la gran crisis económica y social amenazaba quebrar al capitalismo. EL Keynesianismo fue, en aquel entonces, neoliberalismo exitoso. Posteriormente, bajo los gobiernos de Reagan y de la Thatcher se gestó un nuevo neoliberalismo. Sus expresiones fueron la apertura externa, la expansión de los mercados, la pérdida de soberanía en los estados nacionales, y la expansión de las grandes empresas multinacionales y los revolucionarios avances en materia tecnológica. Ese neoliberalismo en los países periféricos ha generado profundas implicaciones, particularmente por la apertura indiscriminada de la economía. En nuestro país, la transnacionalización y un proceso desordenado de privatizaciones dejaron espacio para un capitalismo criollo, profundamente corrupto, prebendario que amparado en el ropaje del neoliberalismo pretendió controlar las principales instituciones del Estado. Históricamente el neoliberalismo es una cáscara que envuelve el sistema, es una cáscara funcional a los tiempos históricos. En los tiempos históricos que se avecinan, yo pienso que es obligación nuestra como sociedad participar en el esfuerzo, junto a otros países sudamericanos, para integrar la nueva matriz de poder multipolar que está diseñándose. Las críticas a la globalización que se oyen en todo el mundo marcan una próxima entrada en acción a un nuevo sistema de relaciones internacionales en que ese neoliberalismo tendrá que ser nuevamente adaptado. No puede la humanidad permitir la continuidad de un sistema que genera profundas devastaciones en términos de pobreza y en términos de sustentabilidad de los recursos del planeta.

Usted trabajó muchos años en Naciones Unidas. ¿Es hoy la ONU una institución en crisis a un año de que la coalición liderada por EE.UU decidiera invadir Irak sin el respaldo del Consejo de Seguridad?

Las realidades del mundo anticipan la necesidad de potenciar un organismo como Naciones Unidas, no por decisión política si no por espíritu de preservación de la propia especie humana. Necesitamos desde lo político acompañar el proceso económico. Si hay poder económico multinacional, debe haber también un poder político mundial. Naciones Unidas será la institución fundamental para que la humanidad vaya encontrando su cauce.

En un escenario multipolar de bloques regionales casi seguramente nuestra integración será con Brasil. Usted trabajó en Brasil desde la década del 60, ¿ya se percibían patrones distintos de desarrollo? ¿Qué nos diferencia hoy en cuanto al desarrollo?

Las diferencias son profundas. Cuando hablamos de Brasil, hablamos de 8 millones de kilómetros cuadrados y de una población que es casi cinco veces la argentina. Todo es significativamente más grande. Sorprende la experiencia brasilera por la imaginación de su clase dirigente. Cuando Brasil toma conciencia de sus profundos problemas estructurales, el Estado y la burguesía nacional participan de un rediseño del Estado. Ellos lo hicieron juntos.

¿Cuándo tomó conciencia la dirigencia brasilera de sus problemas?

Pienso que el gobierno de Getulio Vargas y de Juscelino Kubitschek fueron los artífices de esta toma de conciencia muy bien instrumentada. Brasil rediseña una concepción de Estado y de gestión pública admirable, si la comparamos con el caso argentino. Se preocupó por modernizar su Estado, dotarlo de una razonable capacidad operativa, preparar recursos humanos y fundamentalmente aprovecharlos. Es muy poca la cantidad de brasileros preparados técnica y científicamente que estén trabajando en el exterior. Es extraordinaria la capacidad del país para recuperar sus recursos humanos y dentro de la sociedad asignarles roles de responsabilidad. En este terreno las diferencias con Argentina son abismales.

A pesar de estas diferencias de volumen y de políticas realizadas hasta el momento. ¿Es posible la integración?

El concepto de Mercosur pienso que es un concepto reducido, la integración no puede limitarse al estrecho marco de los mercados, debe ser de las sociedades. Yo me inclinaría a pensar en la creación de una unidad de los países del sur, un poco a la imagen bolivariana. La segunda consideración es que es difícil avanzar en un proceso de integración si previamente cada país no ha diseñado los caminos para su propia integración. Nosotros no podemos ir a un proceso de integración con una Argentina que conserva el 54% de población excluida. Todos los países de la región deberíamos unificar el esfuerzo intelectual y profesional para diseñar estrategias comunes de desarrollo que garanticen grados crecientes de integración intranacional que se apliquen junto al proceso de integración supranacional. Es lo que hizo Europa, no estaríamos inventando nada. Mantener una sociedad con más de 20% de desocupación, un 15 a 20% de subocupación y niveles de pobreza de más de un 50 es el preludio a una etapa de desorganización social y anarquía. Un sistema democrático no puede funcionar con tamaños niveles de exclusión.

Usted estuvo trabajando bastante sobre la Ley de Coparticipación. ¿Qué dilemas y qué problemas encierra? ¿Qué criterios debería tener en cuenta una nueva Ley de Coparticipación?

Su articulado debería, prioritariamente, fomentar reformas en la gestión de los recursos públicos para corregir los profundos desequilibrios que existen entre las economías provinciales. Sin tales prioridades, no tendremos una buena ley. Sin corregir las deficiencias económicas entre las provincias, no podremos corregir las deficiencias del sistema político, que seguirá siempre privilegiando la mayor representación política de las provincias que tienen más población La coparticipación al final será el estatuto legal que posibilite administrar las finanzas del gobierno en su instancia nacional, provincial y municipal bajo una unidad de propósitos. Eso exige un tipo de federalismo de parcería en que el gobierno nacional, provincial y municipal puedan consensuar mayores inversiones productivas y reducción de gastos corrientes instituyendo los principios establecidos en los artículos 75 y 124 de la Constitución Nacional..

¿Cómo sugiere encarar el problema del desempleo?

Para encarar el tema del desempleo hay que tener en cuenta que no se puede crear empleo en el Obelisco, ni crean empleo los ministros de economía. Hay que entender que necesitamos administrar un inmenso y diversificado territorio donde existen extraordinarias manifestaciones de riqueza. Si tenemos la audacia de crear sistemas de gestión diferentes para la formación de macroregiones y microregiones creo que estaríamos comenzando a transitar un caminos correcto para resolver el problema del empleo. Nuestro sistema institucional se integra con una capital y 23 provincias todas desarticuladas entre sí; y 2000 municipios todos desarticulados, en los que predomina la incapacidad operativa en un 90%. No existe gestión pública en nuestro país. Toda transferencia de recursos vía coparticipación es prácticamente inyectar recursos en regiones que no tienen capacidad alguna de gestión. Para resolver tales problemas, el gobierno nacional y las provincias precisar consensuar la formación de 6, 7 macro regiones, dotando a cada una de la suficiente capacidad técnica para tener las bases de programación de las economías regionales. Esos 2000 municipios ya prácticamente son pura máquina de gasto, de cooptación política, de degradación de las familias que viven merced a los gobiernos municipales. Llego la hora de asociarlos entre sí y crear micro regiones para dotarlos de una unidad de inteligencia con capacidad para programar el uso de los recursos públicos y asistir a las empresas privadas.

¿Hay ya bocetos de algunas micro regiones?

En la Universidad Nacional de Río Cuarto elaboramos la primera y más grande experiencia de asociación intermunicipal. Se llamó ADESUR, estaban reunidos allí 47 municipios del sur de córdoba. Municipios de distintos colores políticos: radicales, peronistas, de partidos locales. Según el trabajo que vengo realizando, este proyecto hay que hacerlo en 100 micro regiones. Y en esas deberíamos tener la capacidad para crear centros de actividad económica -con capacidad de producción y de generar empleo-. Esta es la esencia para transformar este país.

¿En cuanto tiempo se podría llegar a armar un mapa con 100 micro regiones?

Cada provincia mediana o pequeña, tiene un promedio de 4, 6 micro regiones. No es mucho, se puede hacer. Las provincias grandes podrán demorar un tiempo mayor, evidentemente, en la medida que sus extraordinarias densidades demográficas y superficies requieren mayor elaboración. En el plazo de 10 años podríamos tener todo el país, reestructurado, con mecanismos de gestión que permitan la producción, la exportación directamente desde los ámbitos micro regionales. Pero en forma urgente tenemos que descentralizar los mecanismos de gestión económica. No puede ser que el Banco Central regule los flujos monetarios solo con visión nacional. No puede ser que una secretaría de pequeña y mediana empresa en Capital tenga que aprobar pequeños proyectos que se presentan en los municipios del interior, cuando los funcionarios que están aquí en Capital no tienen la menor idea de lo que tiene que aprobar. Argentina no va a salir de su problema del desempleo si no articula decisiones para ampliar la gestión económica en todo el territorio. Eso exige un plan de desarrollo que tenga sus capítulos perfectamente diferenciados por macro regiones. La inercia, ignorancia, la incapacidad de gestión de nuestra clase dirigente es profunda, y mientras no entendamos eso, hacer coparticipación en los viejos moldes del federalismo será mantener el mal uso de los recursos públicos.

¿El Gobierno actual está haciendo algo en esa dirección?

Cuando este Gobierno decide crear el Ministerio de Planificación Federal alentó mis esperanzas de que por fin tuviéramos un núcleo de pensamiento estratégico, nacional de largo plazo. Lamentablemente la práctica me permite constatar que las tareas de planificación de este ministerio se reducen exclusivamente a cuestiones coyunturales y no va más allá que de los servicios públicos y de las obras públicas.

El proyecto de regionalizar también lo había propuesto Menem. ¿Hay alguna diferencia entre el proyecto de regionalización que usted plantea y el de Menem?

La regionalización que quería realizarse desde el gobierno de la década de los 90 era una regionalización que tenía por objetivo reducir el gasto público: en la medida que tengo menos gobiernos provinciales y municipales, el gasto público se reduce. No es ese el sentido que subyace a mi propuesta de regionalización.

En política monetaria, ¿qué reformas plantería?

Al eliminar la convertibilidad es esencial desdolarizar la economía, evitar el bimonetarismo. Lamentablemente el régimen monetario actual no contempla con drasticidad esa alternativa. Pienso que es esencial mantener la figura del dólar como moneda de cambio en el comercio internacional. Pero hay que observar lo que otros países con éxito hacen, países tan próximos como Chile. Chile indexó y creó una moneda de referencia que es la que permite garantizar la estabilidad de los contratos y garantizar al menos en mayor medida la justicia y la equidad en las relaciones económicas.La indexación de la moneda es la menos mal de las soluciones que las sociedades actuales deberían adoptar. Lamentablemente, la Argentina no lo acepta ni los responsables del gobierno quieren entrar por esta variable. Pienso que es esencial del crear un sistema de canasta de monedas en la cual el juego del comercio internacional permita definir los valores relativos de la moneda. Al margen de eso, instituir una unidad monetaria de referencia que para todo contrato arriba de un periodo determinado – 2 o 3 meses- trabaje con una moneda indexada. Es el mecanismo más inteligente para garantizar la equidad.

¿Es posible pensar una salida de los subsidios a los desocupados sin dejar a más personas desamparadas en la pobreza?

Ante el drama del desempleo es que los gobiernos en los últimos dos años optaron por programas asistenciales, particularmente este de Jefas y Jefes de Hogar. Son programas extremadamente limitados. Ni siquiera llegan resolver el problema de la pobreza por su insuficiencia monetaria y generan dificultades en la cultura del trabajo y perturbaciones en las prácticas políticas de nivel local. Los procesos de la pobreza se vuelven funcionales a la preservación de las prácticas políticas que han prácticamente envilecido el sistema político. Soy un ferviente defensor de la idea de crear una economía social comunitaria que moldee un tipo de organización económica funcional para resolver los problemas sociales y oxigene el sistema político. El fin es construir nuevos sujetos sociales con capacidad de decisión en materia de recursos públicos. Para eso tenemos una enorme dotación de técnicos en todo el país. Tenemos un stock de profesionales cercanos al medio millón en toda la Argentina, ¿por qué no transformar esa enorme capacidad técnica al servicio de esta idea? Mediante las técnicas de la programación económica, podrá dimensionarse que un 25, 30% de la fuerza de trabajo de la microregión sea absorbida por instituciones públicas; ojalá un porcentaje del 30, 40, 50 % pueda ir a la empresa privada de la micro región. En las micro regiones de Argentina predomina el perfil de la micro pequeña y mediana empresa y ellas son los instrumentos de cambio que debemos activar ampliando su capacidad de absorción de empleo. Con el resto de la fuerza de trabajo disponible será preciso programar un conjunto de proyectos de preservación ambiental, de infraestructura, de desarrollo productivo que sí o sí debemos ejecutar para usar el desempleo que la micro región tiene. ¿Cómo financio esto? Argentina tiene los recursos suficientes si los administra bien. Terminaríamos así la tragedia de los programas asistenciales y organizaríamos a las familias en programas de trabajo concreto, con el adicional que las remuneraciones, que serían otorgadas desde estos centros comunales, podrían ser en dinero y en especie cubriendo las necesidades sociales esenciales de alimentación, salud, educación y previsión social. En mi último libro “El Desafío Argentino: un modelo autónomo de desarrollo”, se especifican los recursos financieros necesarios y se analiza su factibilidad mediante reformas fiscales apropiadas y factibles.

En su último libro cita una frase del premio Nóbel de Economía Paul Samuelson que sostiene: “definitivamente la economía no es una ciencia exacta”. ¿Cuál es el último ejemplo argentino que demuestra que la economía no es una ciencia exacta?

En la década del 90 la economía argentina creció un 50% en cuanto el desempleo se incrementó en más del 200 % La economía es antes que nada psicología social. Si no entendemos esto y no ganamos la confianza de la sociedad, no habrá repercusión en los indicadores económicos. En mis últimos libros, he destinado algunas páginas a señalar los dogmas y mitos que, interesadamente, fueron difundidos en la sociedad argentina para nublar su comprensión sobre los temas del desarrollo

 

 

 

 

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