Reflexiones sobre criterios y metodologías en la negociación de la Deuda Pública
Manuel Figueroa
Coordinador Programa Argentino de Desarrollo (PAD)
Febrero, 2004


 


En razón de las extremas dimensiones del endeudamiento público y del profundo deterioro de la economía, no existe posibilidad alguna de que el país pueda cumplir con los servicios de la deuda si tales exigencias sobrepasan determinados porcentajes en términos de tasa anual de crecimiento de la economía y de presupuesto público consolidado. Para garantizar este principio, los servicios de la deuda (amortización e intereses) no deberían comprometer, en el promedio de una década, no más de un 35 y 10 % de aquellas magnitudes, respectivamente.
Con una nueva macroeconomía y la cooperación internacional en materia de apertura de mercados, el país podrá crecer en el próximo decenio a una tasa promedio del 6 %. De adoptarse los criterios ya referidos, los servicios de la deuda, al final del año 5º, absorberían en torno a los 3.956 millones de dólares anuales, liberando recursos apreciables, estimados en 7.284 MD, para la reconstrucción interna. . Hacia el año 10º de la simulación efectuada, el crecimiento del PBI, respecto al año 9, sería de 14.190 MD en cuanto los recursos destinados a cubrir los servicios de la deuda alcanzarían los 4.311 MD, liberando para el desarrollo interno casi 10.000 MD.
Ahora bien, ¿sobre qué total de deuda pública debería centrarse la renegociación con los acreedores? ¿sobre la deuda en default o sobre la deuda total del Estado?. De adoptarse este último criterio, se trataría de un total de 183.000 MD integrada por 102.000 MD en default (principal de 91.000 MD e intereses vencidos por 11.000 MD según fuentes de la Secretaría de Finanzas, agosto 2003) y 81.000 MD como deuda no vencida, en situación normal, incluyéndose en este último total, 32.000 MD de Organismos multilaterales, 25.000 MD de BODEN y otros por 24.000 MD.
La necesidad de revisar los criterios de negociación sobre la deuda aparece como ineludible toda vez que el gobierno, en los próximos períodos, no podrá disponer de los recursos fiscales necesarios para cubrir, anualmente, la totalidad de los servicios de la deuda, tanto de la que está en default como de aquella no vencida. En razón de esta inviabilidad, el gobierno ya adoptó el criterio de renegociar, ahora, tan solo, la deuda en default proponiéndose abordar, posteriormente, los servicios de la deuda no vencida mediante entrega de nuevos títulos a plazos más largos. Bajo este concepto, los años 2004 y 2005 registran fuertes vencimientos equivalentes a 13.715 MD. (4.957 y 8.758 MD, respectivamente).

Cuesta entender las razones por las cuales el gobierno asume la posición de permanecer en la vía crucis de las renegociaciones anuales permanentes para administrar el pago de los servicios de la deuda no vencida cuando, en razón de la reconocida insolvencia financiera del estado, sería de toda conveniencia renegociar y reestructurar ahora, de una sola vez, la totalidad de la deuda pública, vencida y no vencida, despejando, de este modo, los próximos años de su mandato para ejercitar la difícil tarea de gobernar.
De aceptarse este propósito, será preciso revisar la metodología de negociación e incluir en su praxis los enfoques de deuda ilegítima, corresponsabilidad del acreedor, deuda integral y quita universal. Bajo tales criterios, el país podría renegociar toda la deuda existente hasta el 30.06.03 y afectar, por igual, a todo el universo de acreedores, internos y externos, con los mismos coeficientes de quita sobre capital e intereses que puedan acordarse en el proceso de renegociación.
Además de las decisiones sobre deuda ilegítima y corresponsabilidad del acreedor que requieren todo un proceso especial de negociación institucional hasta llegar a un consenso, ¿cuales serán los elementos principales a considerarse en una metodología objetiva de renegociación de deuda? Lo esencial se circunscribe a determinar el monto final del capital adeudado y la capacidad de pago del país. A partir de tales consensos, se podrán determinar los coeficientes de quita sobre capital, los plazos de pago y las respectivas tasas de interés y de amortización o reintegro del capital.
De adoptarse el criterio de destinar, en promedio decenal, un 35 % de la tasa de crecimiento al pago de los servicios de la deuda pública, en el primer año aquel coeficiente alcanzaría un 40.48 %. Bajo las hipótesis de un PBI inicial de 140.000 MD, de una tasa de crecimiento del 6 % y de una tasa promedio de interés vigente del 5,92 % sobre el total de la deuda, para renegociar sus compromisos de deuda sin violentar sus posibilidades de desarrollo, el país tendría que asignar, para este propósito, como piso inicial, un pago de 3.360 millones de dólares anuales.
Habida cuenta de las necesarias correcciones para ajustar los números definitivos, este volumen de dinero sería compatible con un superavit fiscal del 2.40 %, una quita del 45.35 % sobre el total de la deuda de 183.000 MD; una quita del 42.56 % sobre la tasa promedio de interés; una tasa anual de interés y de amortización del capital del 2.40 y 1 %, respectivamente y un plazo de 10 años hasta llegar al momento en que la incidencia de la deuda sobre el PBI decreciera desde su actual 131 % hasta un 50.39 % y la incidencia de las transferencias para cubrir los servicios de la deuda alcanzaran un nivel de 29.57 % sobre la tasa de crecimiento.
En este escenario, al final del año 1, el país tendría que destinar como pago de los servicios de la deuda, un 40.48 % de su tasa de crecimiento: 28.17 % para el pago de intereses y un 12.31 % para el pago de amortizaciones, pero al final del año 10, la suma de aquellas transferencias absorberían un 29.57 % de la tasa de crecimiento posibilitando, en la década, un promedio cercano al 35 %.
De verificarse todas las proyecciones incluidas en este modelo de simulación, el final del año 10 encontraría al país con un PBI de 250,720 millones de dólares, (MD); la deuda total impaga sería de 127.620 MD pero representaría, tan solo, un 50.39 % del PBI. En los 10 años transcurridos, se habrían pagado intereses totales por 26.350 MD y el total de amortización de la deuda original habría sido de 11.530 MD. Al final del año 10, el dinero destinado a cubrir los servicios de la deuda sería de 4.196 MD exigiendo, en consecuencia, un superavit fiscal del 1.67 % del PBI de aquel año.
Con una situación fiscal normalizada, recuperado el nivel promedio del PBI en dólares de la década de los 90 y habiendo estabilizado en niveles razonables la incidencia de la deuda sobre el PBI, el país podría recurrir nuevamente, a partir del año 11, al mercado internacional de capitales y redefinir sus relaciones con el mundo acreedor mediante un nuevo proceso de negociación que pudiera contemplar ajustes compensatorios en las tasas de interés y/o de amortización del capital.
El modelo de simulación que proporcionó los datos referidos, solo contiene las vigas centrales de una propuesta para negociar. En esencia, refiere los datos claves que permitirán al gobierno verificar el impacto final que los resultados de las negociaciones sobre pago de la deuda podrán tener sobre la dinámica de la economía. Sin embargo, será en el curso de negociaciones concretas cuando se definirán, por consenso entre el país y los representantes de los acreedores, la letra chica de los acuerdos y las especificidades relativas a plazos, tasas de interés o de amortización y tipos de bonos a ser emitidos para formalizar el cierre de los acuerdos especificando sus respectivas tasas de descuento para evaluar el valor presente de los diversos instrumentos de pago.
Resta consignar que en el escenario presentado, la decisión de incluir un porcentaje del 1 % por concepto de amortización del capital de la deuda, asume, en las presentes circunstancias, tan solo un carácter simbólico y estaría indicando la decisión del Gobierno de evitar nuevo endeudamiento externo, y, paralelamente, comenzar el rescate del capital adeudado. No obstante, en razón de la extrema incidencia de las tasas de interés compuesto, importa destacar cuan importante será para el país incluir una tasa de rescate o amortización por lo menos igual al 1 %. En simulaciones efectuadas con iguales parámetros pero con 0 tasa de amortización, la deuda al final del año 10 sería de 139,700 MD en vez de 127,620 MD; la suma de intereses pagados alcanzarían los 39.720 MD en vez de vez de 26.350 MD y el coeficiente de transferencias para cubrir los servicios de la deuda absorbería un 32,37 % de la tasa de crecimiento, en vez de un 29,57 %.
Innecesario resulta reconocer las dificultades de negociación que comporta cualquier acuerdo sobre pago de deuda, más aún cuando los criterios de quita a aplicarse, sobre capital e intereses, tendrían que asumir un alcance integral y universal, esto es, incluir toda la deuda existente y además, afectar a todo el universo de acreedores y tenedores de bonos, incluyendo, naturalmente, a la deuda registrada ante los propios organismos de crédito internacional. En las negociaciones en curso, esta política, de hecho, aunque reclamada por los tenedores privados de bonos del Estado para reducir los niveles de quita, no logra la adhesión de los países que integran el G 7 ni del propio FMI.

 

 

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